lunes, 18 de abril de 2016

1

Capítulo 1
Tom Kaulitz llevaba ya seis semanas trabajando en el rancho para turistas
Doble R, cerca de Tombstone, pero el árido paisaje del sureste de Arizona le seguía
pareciendo tan poco acogedor como el de Marte.
Acababa de regresar hacía un par de días de Jacobsville, donde había ido para
asistir a la boda de su hermana Shelby con Justin Ballenger. Era desde luego un enlace
bien extraño y repentino, sobre todo teniendo en cuenta que durante los últimos seis
años, Justin se había negado incluso a dirigirle la palabra a Shelby después de que ella
hubiera roto su compromiso, pero, en cualquier caso, no era asunto suyo. Por el modo
en que Shelby miraba a Justin resultaba obvio que aún lo amaba, y estaba seguro de
que él tampoco había dejado de quererla, así que tenía confianza en que fueran felices
y se reconciliaran definitivamente.
Abby y Calhoun también habían ido a la boda, naturalmente, y a Tom le había
aliviado ver que la atracción por la joven había pasado. Se había sentido algo deprimido
cuando ella admitió que estaba enamorada de Calhoun, pero de algún modo siempre lo
había intuido, así que el golpe no fue tan grande como podía haber sido, y lo había
tomado con bastante dignidad.
Sin embargo, aquello lo había hecho reflexionar respecto a sus relaciones con el
género femenino. Se preguntaba si alguna vez llegaría a saber lo que era el amor, lo
que era sentir algo más que pura atracción física. Claro que cuando uno menos se lo
esperaba, aparecía la mujer que ponía el mundo del hombre patas arriba aún contra su
voluntad, y, en el caso de Tom, el nombre de esa mujer era _______ Regan: tan
vulnerable, tan solícita....
En ese momento vio en lejanía acercarse a un jinete. Tom entornó los ojos
tratando de distinguir de quien se trataba. Mentían quienes decían que el calor seco
era más que el húmedo: el sudor le caía a raudales por el moreno rostro, y tenía
empapada la camisa. Se quito el sombrero un momento para secarse la frente, con el
dorso del brazo, y se quedó mirando la vasta extensión, con las montañas en el
horizonte.
Había salido en busca de unos terneros extraviados, y estaba cabalgando desde
hacía rato entre la silla y las chumberas, donde la vegetación de chapotes no era tan
espesa. Nada crecía en torno a los chapotes y por cómo olían, sobre todo cuando llovía,
no era de extrañar.
La persona que se acercaba era ________. Debía querer algo de él, porque en las
últimas semanas solía evitarlo si podía. Era una pena que su relación se hubiera vuelto
de pronto tan tirante. Al principio, nada más conocerla, le había parecido que se
llevarían muy bien, pero, por la misma razón que no comprendía, ella había empezado
mostrarse distante.
Por fin, se dijo, tal vez fuera lo mejor. Después de todo con lo que ganaba apenas
sí le daba para vivir, y la riqueza de su familia se había esfumado. No tenía nada que
ofrecer a una mujer. En cualquier caso, se sentía mal porque le daba la impresión de
que la había herido sin querer. _______ nunca hablaba de su pasado, pero Tom intuía que
debía haberle ocurrido algo que la había vuelto muy desconfiada y cuidadosa en lo que
se refería a los hombres. Era obvio, porque de un modo deliberado disimulaba los
pocos atractivos que tenía, como si estuviera decidida a no captar la atención de los
hombres.
Al principio, Tom había sentido simpatía hacia ella, porque la veía como a una
chiquilla adorable, ansiosa por asegurarse de que estuviera cómodo, llevándole una
almohada de plumas y otras cosas de la casa para que se sintiera como en su hogar.
Había flirteado un poco con ella, encantado con su dulce timidez, pero pronto la
gobernante le había hecho ver que no era una niña, sino una joven de veinticuatro años
que podía acabar malinterpretando sus bromas y coqueteos. Desde ese momento, _______
y él se habían tratado prácticamente como si fueran extraños el uno para el otro. De
hecho, ella siempre evitaba su compañía, excepto en el baile de cuadrillas que
celebraban cada quince días para los huéspedes.
Parecía que para lo único que lo quería _______ era para esconderse detrás de él en
esos bailes y evitar así tener que bailar con algún hombre. Debería agradarle que se le
pegara, porque eso demostraba que aún tenía confianza en él, pero en cierta forma
también le resultaba algo insultante, porque implicaba que no lo veía como a un hombre.
En el cóctel después de la boda, le había hecho a su hermana Shelby algunos
comentarios un poco duros acerca de _______, pero lo cierto era que solo la había
criticado porque no quería que se diese cuenta de hasta qué punto lo tenía
obsesionado.
Suspiró con pesadez viéndola aproximarse. Desde luego no podía decirse que su
forma de vestir fuera provocativa en absoluto, ya que siempre llevaba pantalones y
blusa que le quedaban bastante amplios, pero sin duda era lo mejor. Ya lo incomodaba
bastante cómo lo afectaban la timidez de _______ y la empatía entre ambos sin que
tuviera también una figura enloquecedora. Frunció el entrecejo, preguntándose cómo
sería el cuerpo que se escondía tras esa ropa de camuflaje. ¡Como si fuera averiguarlo
alguna vez! Habiéndola ahuyentado con su inocente flirteo, se dijo riéndose con
ironía para sus adentros.
La elevada posición social de que había gozado Tom hasta la muerte de su padre
había hecho que estuviera siempre rodeado de mujeres hermosas, y de que aquella
chica tan poco femenina lo desdeñase de aquel modo lo había herido en su orgullo.
—¿Has encontrado esos terneros? —le preguntó _______, haciendo que su caballo se
detuviera cerca de él.
—No, supongo que con este calor lo más probable es que se hayan ido a buscar
una charca donde poder saciar su sed. Claro que para mí es un misterio cómo podrían
haber dado con una, porque en este desierto haría falta un zahorí para encontrar
siquiera una gota.
_______ se quedó mirándolo un buen rato.
—¿No te gusta Arizona, verdad?
—No es mi hogar —respondió él girando la cabeza hacia el horizonte—, y me
costará hacerme a esto. De todos modos solo llevo aquí unas semanas.
— Yo crecí aquí —dijo ella—. Adoro este lugar. Solo es desolado en apariencia. Si
te fijaras con detenimiento te sorprendería ver la cantidad de formas de vida que
hay.
—Olí, sí... —murmuró él burlón—: sapos cornudos, serpientes de cascabel,
monstruos de Gila...
—Yo me refería más bien a los mirlos alirrojos, las matracas del desierto, los
correcaminos, los búhos, los ciervos — lo corrigió ella—. Por no mencionar la cantidad
de flores silvestres que hay, contando con las de los cactus —añadió.
La mirada en sus ojos se había dulcificado de repente, y en su voz había una
calidez que Tom no recordaba haber oído antes.
—Pues a mí me parece que es un desierto —murmuró inclinando la cabeza para
encender un cigarrillo. —¿Qué hay de esa excursión a caballo que habías organizado?
—Los huéspedes que se habían apuntado salieron un rato con Chappy —respondió
ella con un suspiro. — Pero estoy algo preocupada, porque no estoy segura de que el
señor Howes esté en forma para esas cosas. Espero que regresen bien al rancho.
Tom esbozó una leve sonrisa.
—Eso espero yo también. Si se cae del caballo, necesitaremos una grúa para
levantarlo.
_______ no pudo evitar sonreír también. Tom no lo sabía, pero era el primer hombre
que había logrado hacerla sonreír en años. Sí, excepto cuando estaba con él era una
mujer seria y callada.
—Marguerite y los chicos vienen a pasar el fin de semana al rancho, y tengo que
ir a Tucson a recogerlos, ¿Te importaría encargarte de la acampada al aire libre de
esta noche?
—No hay problema... siempre y cuando seas tú quien convenza a Crowbait para
que cocine —le advirtió.
—Crowbait no es tan malo —lo defendió ella—. De hecho es... —entornó los ojos
buscando el adjetivo apropiado—... único.
—Tiene el mal carácter de un puma, la lengua de una cobra y los modales de un
toro en celo —replicó Tom.
— ¡Ahí lo tienes, es único! —asintió ella divertida.
Tom se rió suavemente y dio una calada al cigarrillo.
— Bueno, jefa, será mejor que siga buscando esos terneros antes de que alguien
con el gatillo a punto los cocine para cenar. No tardaré.
—Los chicos me dijeron que querían buscar puntas de flechas apaches mientras
estuvieran aquí — murmuro _______ vacilante. —Les prometí que te preguntaría.
—Tus sobrinos son buenos chicos, pero necesitan más mano dura —dijo él.
—La verdad es que Marguerite nunca ha sido la madre ideal —repuso ______—, y
desde que Ted murió la cosa ha empeorado. Tal vez si buscara una niñera...
Tom meneó la cabeza.
—Lo que Marguerite necesita es volverse a casar —dijo sonriendo.
Marguerite era la clase de mujer a las que estaba acostumbrado por su vida
anterior: sofisticada, hermosa, y nada complicada. Le gustaba porque le traía
recuerdos muy dulces de esa existencia sin apenas problemas que había llevado hasta
que su padre muriera.
—En fin, de todos modos, una preciosidad como ella no debería tener demasiadas
dificultades para encontrar un marido...
Era cierto que Margie era muy atractiva, pero _______ no pudo evitar sentir una
punzada de celos al oírlo de labios de Tom. Sabía que ella, en comparación, ni siquiera
era bonita, con su cara redonda y los ojos tan tristes que le daban un aspecto de niña
huérfana. A todo, asintió con la cabeza sin mirarlo y obligo a sus labios sin pintar
a esbozar una sonrisa. Nunca se maquillaba. Nunca había hecho nada para llamar la
atención de un hombre... nunca, hasta unas semanas atrás había querido atraer a
Tom, pero los comentarios que le había oído hacerle semanas atrás a Bella, la
gobernante, la habían herido tanto que se le habían ido todas las ganas de intentar
agradarlo de nuevo y el comportamiento de Tom a partir de entonces había
reafirmado en su decisión.
Sí desde aquel día había logrado hacer acopio del sentido común para
recordarse que no debía mirarlo con ojos de cordero degollado. Además, se dijo en ese
momento con amargura, Margie era muy de estilo, y también parecía interesada en él.
—Bueno, entonces, si no te importa hacerte cargo de la acampada, creo que me
marcharé. Si no has encontrado esos terneros antes de las cinco, vuelve a la casa y les
diremos a tus amigos que sigan buscándolos por la mañana —añadió.
Se refería a dos peones mayores, que como Tom también eran de Texas, y con
los que este había trabado una buena amistad durante las seis semanas que llevaba.
—No hará falta —replicó—. Todo lo que tengo que hacer es buscar un charco de
agua... y allí estarán, con la cabeza metida en él.
—Ten cuidado de no adentrarte en ninguna hondonada— le dijo ______—, el cielo
sobre tu cabeza puede estar totalmente azul en un momento, y al instante siguiente
echarse sobre ti una tormenta que estaba a mil kilómetros, y antes de que te des
cuenta, te encontrarás atrapado en medio de una riada.
—También tenemos riadas relámpago en Texas — repuso él.
—Solo quería recordártelo —dijo _______. Se odiaba por mostrar preocupación por
él incluso de un modo inconsciente.
Tom entornó los ojos y torció el gesto. No le gustaba que lo trataran con
condescendencia.
—Gracias, pero cuando necesite una niñera ya pondré un anuncio.
______ ignoró ese comentario.
—Si tienes oportunidad mañana, quisiera que hablaras con Marlowe acerca de su
lenguaje. Una de nuestras huéspedes ha venido a mí a quejarse de que está harta de
oírlo jurar en arameo cada vez que le ensilla un caballo.
—¿Y por qué no se lo dices tú misma?
_______ tragó saliva.
—Pues, porque tú eres el capataz, y mantener a los peones del rancho a raya es
tu trabajo.
—Como usted diga, señorita —murmuró él tocándose el ala del sombrero con
insolencia.
_______ resopló, hizo a su montura dar media vuelta, y la espoleó en dirección al
rancho. Tom se quedó pensativo, observando como desaparecía en la lejanía. Aquella
chica era un verdadero enigma para él, distinta a todas las mujeres a las que había
conocido, y con unas rarezas que lo tenían intrigado. Le sabía mal que hubiera acabado
surgiendo antagonismo entre ambos. Incluso cuando ella lo trataba con cordialidad, se
advertía en el fondo una cierta reserva, como si quisiera ocultarle algo. De hecho, cada
vez que tenía que hablar con él, le daba la sensación de que se ponía muy tensa.
En fin, se dijo Tom suspirando, no podía perder el tiempo tratando de
comprender las peculiaridades de su jefa.
Tenía que encontrar a aquellos terneros antes que empezara a oscurecer. Hizo
que su caballo se diera la vuelta, y continuase avanzando por entre las chollas.
______, entretanto, estaba llegando ya a la casa de adobe del rancho. No le hacía
demasiada gracia la idea de que unas horas después fuera a tener a su cuñada Margie
mariposeando por el lugar, pero no había encontrado ninguna excusa para disuadirla de
que los visitara.
En ese momento recordó el comentario que acababa de hacerle Tom sobre la
belleza de Margie, y de pronto le pareció que todo encajaba: Marguerite no iba al
rancho para visitarla, ni tampoco por sus hijos... ¡Quería a Tom para ella! Sí, era
obvio, no había hecho nada más que flirtear con él durante su anterior visita.
No podía negarse que era atractiva: pelirroja, de ojos verdes... y había sido
bendecida con una figura a le sentaba bien cualquier cosa. _______ no se llevaba
demasiado mal con ella... siempre y cuando lograra ahogar el recuerdo de lo ocurrido
nueve años atrás, aunque indirectamente, Marguerite era responsable de las heridas
que ______ llevaba en el alma desde su adolescencia.
Por otra parte, desde la llegada de Tom, _______ había sido más consciente que
nunca de la frecuencia con que Marguerite la utilizaba. Era una aprovechada y sin
importarle las molestias y gastos que pudiera ocasionar a ______, se iba allí e invitaba a
sus amigos a excusiones a caballo, mientras que dejaba a sus dos pequeños hijos al
cuidado de su cuñada. Al principio, _______ lo había aceptado con resignación, porque era
demasiado educada y no se atrevía a decirle nada, pero cada vez la desfachatez de
Margie era mayor, y en esa ocasión ya eran dos los fines de semana que iba a pasar en
el rancho durante el mismo mes. Estaba harta. Había tratado de hacerle entrever que
no le gustaba su comportamiento, pero si no se daba por aludida, tendría que
asegurarse de que se enterase de que no iba a dejarse pisotear nunca más.

Su cuñada y sus sobrinos Jess y Curt estaban esperando ya con el equipaje en las
escaleras del bloque donde vivían cuando ______ aparcó su Ford Tempo junto a la acera.
Los chicos, pelirrojos y de ojos verdes como su madre, salieron corriendo hacia ella
ametrallándola con su verborrea infantil. Jess, el mayor, tenía siete años, y Curt solo
cinco.
— ¡Hola, tía ______! —la saludó el segundo—. ¿Podremos ir a cazar lagartijas? —dijo
entrando en la parte trasera del vehículo.
—Tonto, ¿quién quiere cazar lagartijas? —masculló su hermano Jess sentándose
a su lado—. Lo que yo quiero es buscar puntas de flecha indias. La otra vez, Tom me
dijo que me enseñaría dónde encontrarlas. ¿Le has preguntado, tía ______?
— Sí, sí, le pregunté —lo tranquilizó ______—. No te preocupes, Curt, yo iré contigo
a cazar lagartijas.
— ¡Puaj!, Yo no podría —intervino la delicada Marguerite ocupando su sitio junto
a ______—, esos bichos me dan repelús.
Llevaba puesto un vestido a rayas blanco y verde que parecía tan caro como los
pendientes de diamantes que lucía en las orejas y el anillo de rubíes en su mano
derecha. _______ observó que no llevaba el anillo de casada... de hecho, si no recordaba
mal, hacía bastante que no lo veía en su dedo, concretamente desde la llegada de
Tom.
—Pues si cazo una lagartija me la llevaré a casa y dormirá en mi cuarto —anunció
Curt beligerante a su madre.
_______ se rió, viendo en los rasgos del pequeño a su hermano Ted. A veces la ponía
triste que le recordara tanto a él, pero hacía ya dos años que había fallecido.
Una parte del dolor se había disipado.
—No a mi casa, jovencito —replicó Margie con firmeza.
Tras la muerte de Ted, Margie le había vendido a ______ la parte que le
correspondía del rancho, y ella se había mudado con sus hijos a la ciudad. No, nunca le
había gustado el rancho.
—Pues me da igual, se la dejaré a la tía _______ para que viva con ella.
—Basta ya de responderme, pequeño diablo —lo calló su madre con un gran
bostezo—. Espero que ya tengáis funcionando el aire acondicionado, _______ —dijo a su
cuñada—, odio el calor. Y supongo que le habrás dicho a Bella que comprara varias
botellas de Agua mineral, porque no pienso volver a beber agua de ese pozo.
_______ tuvo que hacer un gran esfuerzo para no responderle una grosería. ¿Por qué
Marguerite siempre hablaba como si fuera ella quien mandase? Era muy embarazoso
que le dijera lo que tenía que hacer y que diera por hecho que se merecía ciertos
derechos. _______ había sido paciente con ella durante mucho tiempo solo por
consideración a su hermano y a los niños, pero ya se había cansado. Los chicos estaban
discutiendo en el asiento de atrás, así que _______ le dirigió una mirada fría a Margie y le
espetó con voz calmada.
—El rancho es mío. El tío Ted es únicamente el albacea y por eso está a cargo de
él hasta que yo cumpla los veinticinco, pero después pasará a ser de mi propiedad
exclusiva, ¿o es que no recuerdas las condiciones del testamento de mi padre? Mi
hermano habría tenido la mitad, y yo la otra mitad. Yo te pagué lo que te habría
correspondido por la mitad de él, así que no pienso dejar que sigas dándome órdenes,
ni obtendrás un trato preferente sobre los demás huéspedes solo porque seas mi
cuñada.
Marguerite se había quedado de piedra. _______ nunca le había hablado de aquella
manera.
—Yo no quería decir que... —empezó en un tono vacilante.
— Y no he olvidado lo que ocurrió hace nueve años, aunque a veces creas que sí
solo porque no te lo he vuelto a echar en cara —añadió _______ interrumpiéndola sin alzar
la voz.
Margie enrojeció y apartó la vista hacia la ventanilla.
—Yo... siento mucho aquello. Sé que no me crees, pero de verdad que lo siento.
Además, sé que Ted me despreciaba por ello, y he tenido que vivir con la culpa desde
entonces. Las cosas nunca volvieron a ser iguales entre nosotros después de aquella
fiesta, y todavía lo echo mucho, muchísimo de menos —le dijo en un tono conciliador,
lanzando una mirada rápida de reojo a su cuñada.
—Seguro que sí —masculló _______ entre dientes—, Y supongo que esa es la razón
por la que vistes tan recatada.
Marguerite aspiró sorprendida, pero ______ la ignoró y arrancó el coche,
poniéndose a hablar a los chicos de los nuevos terneros que habían nacido en el rancho,
y cortando así una posible réplica de la viuda de su hermano.
En el instante en el que Bella vio entrar a Marguerite, se dirigió a la puerta de
atrás con la excusa de que tenía que llevar una tarta de manzana a la casa-dormitorio
de los trabajadores de la hacienda, y de camino allí se encontró con Tom, que parecía
cansado y harto.
—OH. Hola, Bella, ¿qué haces por aquí? —preguntó sonriendo a la mujer.
—Esconderme, ¿qué voy a hacer? —gruñó ella apartándose del rostro mechones
de cabello plateado. Ha vuelto —explicó en un tono frío.
—¿Quién ha vuelto?
—Su alteza, la reina de la pereza —se burló Bella liando la tarta de mano—. Era
lo que le faltaba a la pobre ______... más gente de la que ocuparse. Esa pelirroja no ha
levantado un dedo desde que el pobre Ted muriera. Y si supieras lo que esa modelo
dichosa le hizo a _______... —se sonrojó al darse cuenta de que había hablado de más, y se
aclaró la garganta incómoda—. Bueno, en realidad venía porque os he hecho una tarta,
a ti y a los demás hombres.
—De eso nada —masculló _______ mirando furibunda a la gobernante mientras
avanzaba hacia ellos a zancadas -. Yo te pedí que hicieras esa tarta, y ahora vas a
dársela a los hombres sólo porque ha venido mi cuñada. Vamos, Bella, a los chicos les
encanta la tarta de manzana, y, además, dudo que Margie la pruebe, no querrá
estropear su figura comiendo dulces.
—En cualquier caso nos estropeará el día —repuso Bella—. Quiero esto; quiero lo
otro... —dijo remedándola—. Hazme la cama, Bella; tráeme una toalla; hazme unos
huevos pasados por agua... No se molestaría ni en agacharse a recoger un zapato del
suelo, no se vaya a herniar. No, ella no, ella es demasiado frágil para trabajar...
—No airees los trapos sucios aquí fuera, ¿quieres? —la reprendió _______ mirando
de reojo a Tom.
—No está ciego —dijo Bella alzando la barbilla—. Sabe tan bien como tú y como
yo lo que pasa aquí.
—Bella, ya basta, vuelve dentro con «mi» tarta,
—No pienso dejar que ella se coma ni un pedazo—insistió la mujer obstinada.
—Muy bien, pues díselo —le contestó _______.
—No creas que no lo haré —replicó la gobernanta. Se volvió hacia Tom con una
sonrisa—. Pero a ti, si quieres, te daremos un trozo.
Tom se quitó el sombrero e hizo una pequeña reverencia.
—Muy agradecido, Bella.
La mujer prorrumpió en risitas y volvió dentro.
—¿No tenías que estar ya con el grupo que se había apuntado para la acampada?
—le preguntó ______ a Tom, extrañada, cuando se quedaron solos.
—Hemos tenido que cancelarlo —le explicó él—. El señor Curtís se cayó encima
de un cactus, y a la señora Sims le entró dolor de estómago por el chile que llevaba la
comida del almuerzo, y... Bueno, los demás decidieron que preferían quedarse a ver la
televisión.
—Bueno, supongo que es la fatalidad... —suspiró _______—. Lo pospondremos para el
fin de semana.
Tom se quedó mirándola en silencio con los ojos entornados, pensativo.
—Oye, ______... antes, cuando...
Pero no pudo terminar la frase, porque en ese momento la puerta trasera de la
casa se abrió y apareció Margie.
—¡Vaya, Tom, qué alegría volver a verte! —lo saludó dejando escapar su
cantarina risa.
—Yo también me alegro de verla, señora Regan — contestó él divertido. Y sus
ojos cafeces recorrieron despacio el esbelto cuerpo de Marguerite con una mirada
apreciativa.
______ quería tirarse al suelo y llorar, pero no iba a darle a su cuñada esa
satisfacción, y tampoco iba a permitir que Tom supiera lo loca que estaba por él, así
que optó por una rendición silenciosa y volvió a entrar en la vivienda sin decir una
palabra.
Marguerite le lanzó una mirada curiosa, pero ______ ni siquiera se dignó a volverse
a mirarla. Si quería a Tom que se lo quedara, se dijo deprimida. Después de todo, para
él era solo una chiquilla sin atractivo...

—Tom me va a llevar mañana a dar un paseo a caballo —le dijo Margie a _______
durante la cena—. ¿No te importa encargarte de los niños, verdad?
_______ alzó la vista del plato indignada. ¿Qué se había creído?
—Pues... de hecho, eso no va a ser posible —le respondió con una sonrisa
forzada—. Llévalos contigo. Tom me dijo que los acompañaría a buscar esas puntas de
flecha.
— ¡Eso, eso! —exclamó Jess tan emocionado que casi volcó su vaso de leche.
—Yo también quiero ir —se apuntó Curt.
—No, no podéis venir —repuso su madre claramente molesta.
—No nos quieres... —gimoteó Jess—. Eres mala.
— ¡Nunca nos has querido! —lo secundó Curt empezando a llorar.
— ¡Buena la has hecho! —acusó su madre a _______, arrojando los brazos al aire.
—Yo no he hecho nada —se defendió _______—, nada excepto negarme a seguir
siendo tu esclava. No recuerdo haberte invitado a venir —añadió con frialdad—, así
que no esperes que te entretenga ni que haga de niñera.
—¡Pero si hasta ahora siempre lo has hecho! —exclamó Margie sorprendida, como
si aquello fuera lo más natural del mundo.
—Pues eso era antes —le espetó ______—, ya me he hartado de hacer de niñera. A
partir de ahora, tendrás que hacerte cargo de tus responsabilidades.
—¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza? — inquirió Marguerite incrédula
por el cambio de actitud de su cuñada.
—Nadie —respondió _______—, estoy cansada de que todo el mundo intente
aprovecharse de mí. ¿Por qué no te buscas una vida, o mejor, un trabajo?
Marguerite aspiró asombrada, pero antes de que pudiera contestar, ______ ya se
había levantado de la mesa y se había marchado.

Tom había accedido a llevar Marguerite y a los chicos a dar un paseo a caballo a
la mañana siguiente. Al ver bajar a Margie, ______ tuvo que admitir que los vaqueros que
se había puesto le sentaban de maravilla, pero también advirtió que en su rostro se
podía leer el fastidio por tener que llevar a los críos con ellos. Pues que se aguantara,
se dijo _______, era su madre, y los había tenido porque había querido.
Cuando hubieron salido de la casa, la joven fue a la cocina. No había desayunado
porque no quería oír a Margie quejarse de cómo había fastidiado su paseo romántico.
—¿Qué te ha dado, _______? —le preguntó Bella mirándola curiosa cuando entró—.
Anoche, antes de que subieras a tu habitación, te oí poner a Margie en su sitio. ¿Estás
enferma?
La joven se rió mientras tomaba una galleta.
—No —contestó mordiendo un trozo—, supongo que me he hartado de que me
pisotee.
—Y de ver a Margie flirtear con Tom... ¿me equivoco?
______ se quedó mirándola.
—Basta ya con eso, ¿quieres? Sabes que Tom no me gusta.
—Pues claro que te gusta —replicó Bella—. Y mucho me temo que sea culpa mía
que las cosas no hayan funcionado entre vosotros —confesó compungida-.
Yo solo quería evitarte otro desengaño...
______ se dio la vuelta y contrajo el rostro. No tenía muchas ganas de hablar de eso.
—No es mi tipo —insistió con voz ronca—. En cambio él y Margie hacen muy
buena pareja.
Bella dejó sobre la encimera la bayeta que tenía en la mano, se acercó a ella, y le
acarició la mejilla.
—Los hombres no son tan malos, ______... Algunos incluso se dejan domesticar —le
dijo entre risas—. No todos son como Darren McAnders —al ver que _______ se ponía
pálida, añadió—. Oh, vamos, ni siquiera él era un demonio. Amaba a Margie, y a veces
cuando ama una a una persona se hacen cosas estúpidas... y, además, estaba borracho y
no sabía lo que...
—Yo estaba enamorada de él —la cortó la joven disgustada—. Flirteó
descaradamente conmigo, me hizo abrigar esperanzas... igual que Tom, al principio. Y
después me... después me hizo «aquello». Cuando me enteré de que ni siquiera se
sentía atraído por mí, que lo que quería era poner celosa a Marguerite, yo...
—Fue algo despreciable —asintió Bella—, y sé que fue terrible para ti porque te
habías enamorado, y te sentiste traicionada y utilizada. Fue una suerte que yo subiera
al piso de ese momento...
_______ no contestó. Había apartado la vista, dolida al recordar aquello.
—Pero gracias a Dios la cosa no llegó a mayores, niña, es eso en lo que tienes que
pensar.
—¿Podemos dejar de hablar de esto, Bella? —le rogó ______, metiéndose las manos
en los bolsillos de los vaqueros—. De todos modos, ya no importa nada. Soy fea y
provinciana, y ningún nombre se fijará jamás en mí, haga lo que haga... Y oí lo que te
dijo Tom esa noche —añadió lanzándole una mirada fría a la gobernanta—. Oí cada
palabra, y dijo que no quería tener revoloteando a su alrededor a una «marimacho
enferma de amor».
Bella suspiró.
—De modo que lo oíste... ¿Es esa la razón por la que últimamente lo ignoras y lo
evitas?
—¿Y qué si es así? —espetó _______ molesta—. En parte me alegré de haberme
enterado de que estaba molestándolo, y sí, desde entonces he procurado no cruzarme
más en su camino.
Bella iba a decir algo, pero su intuición le dijo que era mejor dejar ese tema
aparcado.
—¿Cuánto tiempo se va a quedar «su alteza»? — inquirió al cabo de un rato.
—Solo hasta mañana por la tarde, gracias a Dios —murmuró _______ con un
suspiro—. Bueno, será mejor que me vaya ya. He organizado una excursión a caballo
para el grupo, y esta tarde llevo a las mujeres de compras al pueblo para que puedan
adquirir artesanía y recuerdos.
—Yo también tengo cosas que hacer —respondió Bella—. He de pensar qué
preparar para la cena de esta noche... ¿O va a hacer Chappy esa barbacoa antes del
baile? No sé por qué nunca me consulta ni me cuenta nada.
—Sí, creo que va a hacerla, pero seguro que los huéspedes agradecerían tus
patatas aliñadas, con tu pan y tu tarta de manzana —dijo _______ rodeándole los
hombros con el brazo mientras caminaban hacia la puerta trasera—. De todos modos,
Bella, deberías estar agradecida a Chappy... así te quita trabajo. Es tan dulce contigo...
La mujer se puso roja y se apartó de ella indignada
—¿De qué hablas, niña? Anda, haz el favor de salir de aquí y dejarme trabajar.
______ salió de la casa entre risitas y se dirigió a los establos para asegurarse de
que las monturas estaban dispuestas para la excursión. Encontró a Chappy Staples, el
más veterano de los peones, allí solo. ______ lo conocía desde que era niña, pero el
hombre, era bastante adusto, siempre le había dado un poco de miedo.
—¿Cómo está la yegua? —le preguntó, refiriéndose a un animal que tenía
problemas con una pezuña.
— Llamé al herrero para que le echara un vistazo —le dijo Chappy—. Le cambió la
herradura, pero está algo inquieta. Yo que usted no me la llevaría, señorita _____.
La joven suspiró contrariada.
— Si no me la llevo nos faltará una montura —murmuró.
—Bueno, si puede usted hacerse cargo sola del grupo —sugirió Chappy Marlowe
—podría quedarse conmigo a echarme una mano, y así uno de los huéspedes podría
montar en su caballo.
—Gran idea, Chappy —sonrió ______ aliviada.—Además, así el basto lenguaje de Marlowe no incomodaría a los huéspedes. De hecho, si persistía en ese comportamiento grosero, tendría que despedirlo, y no le hacía gracia la idea de tener que buscar un nuevo peón, porque le había costado mucho hacerse a los que tenía.
—Saldremos a las diez —le dijo a Chappy—, y estaremos de vuelta a la hora del
almuerzo, porque sobre las dos quiero llevar a las mujeres de compras.
—Bien, señorita ______ —respondió el hombre tocándose el borde del ala del
sombrero.
______ salió del establo y se encaminó de nuevo a la casa. Iba tan absorta en sus
pensamientos que estuvo a punto de darse de bruces con Tom.
—Lo... lo siento —balbució—. No te había visto. Pensé que ya te habrías ido con
Margie y los chicos.
— Y estaba a punto de hacerlo... cuando me he enterado de que me has
emparejado con ella para el baile de cuadrillas de esta noche —repuso él. Parecía
bastante enfadado.
—¿Yo? —dijo ______ incrédula.
—Eso es lo que me ha dicho Margie —contestó Tom enarcando una ceja— que
había sido idea tuya.
_______ suspiró con pesadez.
—Imagino que no me creerás si te digo que no es cierto, ¿verdad?
—¿Cómo voy a creerlo? Me cargas con ella cada vez que viene —respondió Tom
irónico.
______ bajó la vista y se dio la vuelta.
—Pensaba que disfrutabas de su compañía... — murmuró—. Porque es como tú:
sofisticada, con clase... Pero si prefieres que vaya con otro, puedo intentar
convencerla.
Tom, viendo que se marchaba, la retuvo por el brazo, y lo sorprendió ver que se
ponía tensa de repente.
—Está bien, déjalo, es solo que no me gusta sentirme como un acompañante
obligado. Margie me cae bien, pero no necesito una alcahueta.
—Es cierto, no la necesitas —contestó ella con tristeza—. ¿Te importaría
soltarme el brazo?
—No soportas que te toque... —murmuró Tom entornando los ojos—. Me di
cuenta de ello la primera semana. ¿Por qué, ______?
El corazón de la joven comenzó a latir muy deprisa. Tom debía pensar que le
tenía miedo, y no podía decirle que no era más que temor a dejarle entrever que su
contacto le producía placer.
—Mi vida privada no es asunto tuyo —le dijo incómoda, sorprendiéndose a sí
misma.
—Eso ya lo sé, te has encargado de dejármelo muy claro últimamente —contestó
Tom, soltándole el brazo como si le estuviera quemando los dedos—. Muy bien, como
quieras. Y respecto a Margie... No tienes que preocuparte, ya solucionaré yo mis
asuntos con ella.
Parecía exasperado, pero _______ estaba demasiado nerviosa como para advertir ese
matiz en el tono de su voz. Quería alejarse de Tom lo antes posible, porque cuando
estaba con él tenía que controlarse todo el tiempo para no lanzarse a sus brazos a
pesar de su timidez.
—Me parece perfecto —le contestó encogiéndose de hombros, como si no le
importara en absoluto lo que hiciera.
Y, dicho eso, rodeó a Tom y entró en la casa sin mirar atrás, y sin imaginar que
él se había quedado observándola pensativo.


HOLA!!! BIENVENIDAS ... ESTA ES LA TERCERA NOVE DE ESTA SERIE ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA LUEGO :))

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