miércoles, 20 de abril de 2016

3

Capítulo 3
Un par de semanas más tarde, Margie y los chicos volvieron a pasar el fin de
semana en el racho. El domingo, Curt y Jess se levantaron muy temprano, y a ______ la
divirtió observar que seguían a Tom donde quisiera que él fuera.
—Deberías dejarme que te enseñara a maquillarte y que te llevara a comprar
algo de ropa —le dijo Margie, mirando a ______ de arriba abajo cuando esta se sentó a
desayunar frente a ella—. Así ningún hombre se fijara en ti.
—No quiero que se fijen en mí —contestó la joven con aspereza.
—Pues deberías, es lo normal en una chica sana de tu edad —insistió
Marguerite—, ha pasado mucho tiempo desde aquel incidente, ______ —añadió
Mirándola fijamente—, y ni siquiera fue tan traumático como lo has puesto siempre.
No, no lo fue —subrayó al ver que la joven iba a protestar—, lo que pasó fue que eras muy inocente. Estabas en una edad en la que se es muy influenciable, y te habías encaprichado
de Darren. No estoy diciendo que tú lo indujeras a hacer lo que hizo, lo sabemos que no
fue así, pero creo que ya es hora que afrontes cómo es una relación adulta entre un
hombre y una mujer. No puedes seguir siendo una niña pequeña.
—No soy una niña pequeña —masculló _______ entre dientes. Se notaba las mejillas
ardiendo—. Y sé muy bien como son las relaciones entre adultos, pero no quiero
ninguna.
—Pues deberías, o acabarás siendo una solterona —le espetó Margie cruzándose
de brazos—. Escucha, —le dijo en un tono más suave—, sé que aquello en gran parte
fue culpa mía, y lo siento, pero no puedo permitir que arruines tu vida de este modo,
no has dejado que Bella ni yo te ayudemos, y podríamos hacerlo.
—No, no necesito ayuda —replicó la joven en un tono gélido.
—Ya lo creo que la necesitas —repuso Margie—. ¡Tienes que dejar de esconderte
de la vida y...
—Ah, estás aquí, Marguerite —la interrumpió Tom entrando en ese momento—
Tus chicos acaban de acorralar a una culebra en el patio de atrás, y creo que quieren
quedársela como mascota —dijo divertido. Margie lo miró horrorizada—. Está bien,
haré que la suelten —la tranquilizó entre risas. Miró a ______ que al verlo entrar había
apartado la vista y jugueteando nerviosa con un sobrecito de café instantáneo—. Bien,
Marguerite, lo mejor será que vayas a vigilar a los críos, yo tengo que irme. Algunos
de los huéspedes quieren ir a misa, y me he ofrecido a llevarlos a la iglesia.
—Deberías llevar a _______ también.
—No me hace falta, y, además, pensaba ir más tarde —replicó la joven al
instante, enfurruñada. Se puso de pie y salió del comedor muy tiesa.
En realidad, _______ quería haber ido a misa más temprano, pero por no
contradecirse con lo que les había dicho a Margie y a Tom, fue al último oficio de la
mañana. Se puso un austero y holgado vestido gris, no se puso ni una pizca de
maquillaje, y se recogió el cabello. No iba a volver a tratar de aparentar lo que no era.
Bella la había llevado a la ciudad en su coche porque quería comprar unas cosas, y le
había dicho que la recogería cuando hubiera terminado la misa, pero, cuál sería su
sorpresa, al encontrarse a Tom esperándola a la salida.
—¿Dónde está Bella? —le preguntó incómoda—. ¿Por qué no ha venido a
recogerme ella?
—Me la encontré cerca de la tienda de ultramarinos y me preguntó si no me
importaría esperarte en su lugar. Anda, sube a la ranchera. Aquí fuera hace un calor
de mil diablos.
Tampoco le dejó opción, ya que le puso una mano en el hombro y la llevó hasta el
vehículo.
—¿Tanta prisa tenía Bella por irse? —farfulló _______ con un mohín mientras se
abrochaba el cinturón de seguridad.
Tom enarcó una ceja.
—¿Tanto te molesta que haya venido yo en vez de ella? —replicó arrancando el
coche y poniendo el vehículo en marcha.
La joven bajó la vista avergonzada.
—No me molesta —se quedó callada un buen rato—. Yo no quería que las cosas
fueran así —le confesó—. Es solo que... no me gusta que pienses que voy detrás de ti
—dijo contrayendo el rostro—. Supongo que tenías razón en que los primeros días
estuve muy pesada.
Tom se salió de la carretera y detuvo la ranchera en un camino que se
adentraba en unos pastizales. Sus ojos cafeces estudiaron a la joven mientras encendía
un cigarrillo.
—Muy bien —dijo llevándoselo a los labios—, pongamos nuestras cartas sobre la
mesa — murmuró —Empecé a trabajar para tu tío porque con lo poco que me quedaba
en el banco no tenía ni para vivir una semana, y porque tengo un montón de deudas
que pagar. No soy en absoluto un buen partido para una mujer y, además, no estoy
interesado en tener una relación ahora mismo.
_______ dejó escapar un gemido de humillación y salió del vehículo. No quería oír
más. ¿No había quedado mermada bastante su dignidad al darse cuenta él de que le
gustaba? ¿Qué quería, que le pusiera por escrito que no iba a volver a atosigarlo? Sin
embargo, antes de que pudiera reaccionar, Tom había rodeado la ranchera, y se había
colocado frente a ella, acorralándola contra el vehículo.
—Déjalo, Tom, no tienes por qué darme explicaciones —le dijo con voz
entrecortada—, ya te he dicho que lo sentía, que no pretendía...
—______...
El sonido de su nombre de labios de él, pronunciado en aquel timbre profundo y
acariciador, la hizo alzar la vista hacia él. Por entre las lágrimas que se agolpaban en
sus ojos, vio que se dibujaba en las facciones de Tom la misma expresión extraña que
le había visto días antes, cuando le pareció que iba a besarla.
—Eres demasiado vulnerable, _______, por eso te estoy diciendo lo que te estaba
diciendo, para que no sufras innecesariamente, pero también quería decirte que sé que
tú nunca me perseguirías, porque no eres de esa clase de mujeres.
_______ estuvo a punto de soltar una carcajada amarga ante esa última frase. Si él
supiera cómo se había puesto en ridículo persiguiendo a Darren McAnders ¡cómo
prácticamente había suplicado su amor! Bajó la vista avergonzada, y sus ojos se
tropezaron con el ancho tórax de Tom, que, curiosamente, subía y bajaba con
rapidez. ¿Por qué estaría tan agitado? La respiración de ella misma se había tornado
también ligeramente entrecortada.
— Siempre me he sentido muy cortada con los hombres —le dijo _______, todavía
con la cabeza gacha—, y tú fuiste el primero que me prestó un poco de atención, así
que supongo que me sentí tan halagada que por eso traté de hacer por todos los
medios que te sintieras como en casa —alzó un momento el rostro para sonreírle
tímidamente y volvió a bajarlo al instante—. De todos modos, yo siempre he sabido que
tus sentimientos no eran más que amistosos, porque yo no me parezco en nada a
Margie.
—¿Y qué tiene que ver ella en esto? —inquirió él frunciendo el ceño perplejo.
—Pues ella es... es como las personas de tu mundo, eso es todo. Es refinada,
sofisticada y bonita...
—______, hay distintos tipos de belleza —le dijo Tom en el tono más suave que le
había oído jamás. La tomó de la barbilla para hacer que lo mirara—, y la verdadera
belleza va mucho más allá del maquillaje.
______ entreabrió los labios, y advirtió que no podía apartar la vista de los ojos
cafeces de Tom. Era como si fueran imanes, y la estaban mirando de una forma que
hacía que sintiese muy débiles las rodillas.
—Deberíamos... deberíamos marcharnos —balbució la joven con voz ronca.
Tom se zambulló en los iris castaños de _______, hallando allí secretos que nunca
hubiera imaginado que existían en ella, y deseos largo tiempo acallados. Casi pudo
sentir su soledad, su necesidad de amor. Una chispa saltó en su interior. Quería
apagar el dolor que había en esos ojos.
Dejó caer descuidadamente el cigarrillo al suelo y lo apagó con la punta de la
boca, acercándose un poco a ella y tomando su rostro entre las manos.
—Tom... —gimió ella.
La hizo recostarse contra la ranchera, hasta que su tórax estuvo contra sus
senos. Sus ojos no se despegaron ni un momento. _______ puso las palmas abiertas
en el pecho de él, pero no a modo de protesta, ni para apartarlo, y Tom lo sabía porque,
estando tan cerca el uno del otro, ella no podía ocultar su ansia de él.
—_______...
En el mismo momento en que murmuró su nombre los labios rozaron los de la
joven. Para _______ fue como sentir un aliento tembloroso contra su boca, una caricia
vacilante que la hizo quedarse muy quieta, por miedo a que él se detuviera si se movía.
Los dedos de Tom se deslizaron hacia su nuca, y quitó las horquillas con las que
se había sujetado el pelo, liberándolo, mientras sus labios permanecían a un par de
milímetros de los de ella. Hundió los dedos en los mechones de color miel, deleitándose
en sedoso tacto.
La boca de Tom descendió sobre los labios entreabiertos de _______, ajustándose
perfectamente a ellos. La joven cerró los ojos, dejándose atrapar por las sensaciones
que la estaban invadiendo, y gimió suavemente.
Tom se inclinó más hacia ______, pegándose completamente a su cuerpo y
besándola otra vez, mientras ella volvía a gemir dulcemente contra sus labios,
extasiada. La sintió estremecerse, y se apartó un instante y ella abrió los ojos,
mirándolo maravillada y con las mejillas teñidas de carmín. Tom bajó las manos hasta
la cintura de la joven, sin poder creer lo entrecortada que se había vuelto su
respiración.
—Dios mío... —murmuró. Nunca antes una mujer había despertado en él tal
ternura.
— Tom, no deberías abrazarme... así — musitó _______. Su mente le decía que debía
apartarlo, pero su cuerpo le gritaba que lo necesitaba.
—¿Por qué no? —inquirió él en un susurro, frotando su nariz con la de ella
mientras hablaba.
— Ya sabes por qué —respondió ella, esbozando una pequeña sonrisa insegura y
sonrojándose de nuevo.
—No, no lo sé.
Los labios de Tom cubrieron otra vez muy despacio los de ella, y sintió que _______
volvía a responderle. Hundirse en la dulzura de su boca y las formas blandas de su
cuerpo era como una droga. Se relajó, rindiéndose a su propia necesidad, y apretó con
cuidado las caderas contra las de ella, para que pudiera sentir lo que probablemente ya
habría notado: que lo tenía tremendamente excitado.
En ese momento, sin embargo, notó que _______ se ponía rígida, dejaba escapar un
gemido ahogado, y lo empujaba azorada para apartarlo. Tom se separó un poco de
ella, y escudriñó su rostro encarnado, observando cómo rehuía su mirada.
—Lo siento...—balbució _______ mordiéndose el labio inferior— Es que... es que me
asusta un poco — confesó sonrojándose aún más.
Tom se rió suavemente, la besó con delicadeza en la frente y frotó su mejilla
con la de ella.
—Bueno, es natural, siendo como eres una pequeña y tímida que no persigue a
los hombres.
—No te burles de mí —murmuró ella molesta.
—¿Crees que me burlo? —inquirió él trazando el contorno de sus labios con el
índice—. No era mi intención en absoluto. Es solo que no estoy acostumbrado a tanta
ingenuidad. En el mundo del que provengo brilla por su ausencia.
—Comprendo.
—No, no lo comprendes, cariño, pero eso es bueno porque aquel ya no es mi
mundo. De hecho, creo ni siquiera lo echo de menos —le dijo jugueteando con un
mechón de su cabello—. Estás temblando, — le susurró.
—Es que esto es... es nuevo para mí.
—También lo es para mí —respondió Tom—, aunque no lo creas —apartó el
cabello de su rostro y de sus ojos—. ¿Nunca te habían besado?
—No... «así» —contestó ella. «No voluntariamente justificó para sus adentros—.
Nunca me había besado nadie de verdad —admitió—. Yo... no atraigo a los hombres.
—¿De veras? —dijo Tom burlón, tomándola por cintura y atrayéndola de nuevo
hacia sus caderas.
______ se puso roja como una amapola y trató de apartarse pero él no la soltó.
—¡Tom! —protestó indignada.
Él separó sus caderas de las de ella, pero la retuvo en su abrazo.
—______, mírate: tienes veinticuatro años, pero no sabes nada de los hombres. Yo
diría que ya es hora de alguien te ilumine un poco. No voy a hacerte daño pero no
puedo besarte a un metro de distancia.
—No deberías volver a hacerlo —dijo ella alzando los ojos, suplicante—. No es
justo que... que juegues así conmigo.
—¿Es eso lo que crees que estoy haciendo, ______? —susurró él en un tono sensual,
sin parpadear—, ¿jugando contigo?
Inclinó la cabeza y volvió a besarla con pasión aunque también algo irritado
consigo mismo porque no era capaz de controlar la excitación que ella le provocaba, y
aquello era nuevo para él. Jamás había tenido esa sensación con otra mujer. Además,
no tenía derecho a hacerle aquello, no cuando no tenía nada que ofrecer. Y, sin
embargo, sus labios eran tan suaves, tan dulces, y la sensación de su cuerpo femenino
derritiéndose contra el suyo era tan increíble... Era el beso más puro que había
compartido en toda su vida.
Cuando el beso termino, _______ se quedó mirándolo maravillada. Sus ojos buscaron
los brillantes iris cafeces de Tom, y pudo sentir un ligero temblor en las manos de él,
aferradas a su cintura, y cómo su respiración se había tornado tan entrecortada como
la suya. La deseaba.
—Creo que necesito sentarme —musitó ______ con voz trémula.
— Me temo que yo también —admitió él con un suspiro.
Abrió la puerta de la ranchera para que ______ entrara, la cerró suavemente y
rodeó el vehículo para sentarse de nuevo al volante. _______ se había quedado con la
cabeza gacha, la mirada fija en su regazo. Se preguntaba cómo se sentía Tom
después de lo que había ocurrido entre ellos. ¿Pensaría tal vez que era solo una
chiquilla ávida de afecto?, ¿Que habría reaccionado del mismo modo con cualquier otro
hombre? Le lanzó una mirada nerviosa, de reojo, pero Tom había encendido otro
cigarrillo, y parecía totalmente ajeno a su presencia. Tenía la vista puesta en el
parabrisas, aparentemente absorto en sus pensamientos, que la joven no podía saber
era que Tom estaba en realidad, tratando de recobrar el aliento, y de apaciguar los
fuertes latidos de su corazón. Nunca le había sucedido el quedarse así de agitado por
un beso inocente. De hecho, no podía recordar cuándo había sido la última vez que una
mujer lo había hecho perder el control de ese modo. _______, sin embargo, parecía
haberlo logrado sin esfuerzo, y eso le preocupaba ya que no podía permitirse perder el
control con una virgen. Tenía que echar el freno... y rápido, no volvió a mirarla, pero
______ tenía la cabeza girada a la ventanilla sin ninguna expresión definida en su rostro.
—Llegaremos tarde a almorzar —le dijo la joven sin volverse a mirarlo.
No podía. Estaba demasiado turbada aún por lo que había sucedido.
Tom sentía que tal vez debiera tratar de excusar de algún modo su comportamiento,
pero intuía que para ella había sido tan embarazoso el haberse dejado llevar sin inhibición
alguna, como la falta de control lo había sido pTal vez fuera mejor dejarlo estar por el momento, se dijo. Arrancó el vehículo, y
sin otra palabra se puso en marcha en dirección al rancho.

Margie había preparado su equipaje y el de los chicos para salir temprano aquella
tarde, y Tom se ofreció para llevarlos de vuelta a Tucson. Aquella sugerencia pareció
entusiasmar a Margie, y ______ no pudo sentirse aliviada, ya que no quería estar a solas
con su cuñada después de lo sucedido con Tom. Margie siempre lograba sacárselo
todo, por mucho que se resistiera, y quería mantener aquello en secreto. Sería un
hermoso secreto, un recuerdo muy dulce que atesoraría para siempre.
—Estás muy callada... ¿A qué le estás dando vueltas ahora, niña? —inquirió Bella
observándola de reojo, mientras fregaban los platos del almuerzo.
—A nada —respondió _______ sacudiendo la cabeza—. Es solo que me alegro de que
tengamos al fin un poco de paz, Margie me estaba volviendo loca, intentando
convencerme a todas horas para que me emperifolle como ella —le explicó
resoplando—. No me conoce en absoluto, no me atrae la idea de convertirme en un
maniquí... ni aunque hubiera buena materia prima en mí. Estoy bien tal y como soy.
—Bueno, tampoco te vendría mal si te arreglaras un poco, y Margie no es la bruja
que tú crees que es... —murmuró Bella—. Ya sé que suena increíble viniendo de mí,
cuando no he hecho más que quejarme de ella —admitió al ver el asombro en el rostro
de la joven—, pero creo que a su manera se preocupa por ti, chiquilla. Solo pretende
ayudarte.
—Lo que pretende es quedarse con Tom —la corrigió ______.
—Se siente sola —repuso Bella—. ¿Acaso no te sientes sola tú también? —inquirió mirando
a la joven a los ojos.
—Todos nos sentimos solos —murmuró ______ bajando la vista al agua jabonosa—.
En fin, supongo que podría ser peor. Al menos Margie hace sonreír a Tom.
—Y tú también podrías si te sacudieras de encima el resentimiento.
—No es fácil, aquello me dejó muy dolida.
—Ese no es motivo para enterrarte en vida. Todavía te quedan muchos años por
delante, y acabarás pasándolos sola si no haces algo para remediarlo. Y el que nunca se
arriesga no pasa la mar, niña.
Los pensamientos de ______ habían volado a lo que había ocurrido hacía unas horas,
a los hambrientos labios de Tom contra los suyos, a su esbelto y musculoso cuerpo
apretado contra el de ella. Se sonrojó ante el recuerdo, y en ese mismo instante supo,
como si hubiera tenido una revelación, que moriría si no volvía a besarla.
Pero Tom no estaba interesado en una relación, él se lo había dicho, que no
había lugar para una mujer en su vida. Tenía que mantener la cabeza fría, sobre todo,
sabiendo como sabía, que la rechazaría.
—¿Sabes, Bella?, Tal vez sea mi miedo a quedarme soltera —murmuró pensativa—.
Además, son las mujeres guapas las que atrapan a los hombres.
—¡Qué bobada! Yo nunca he sido guapa y me casé le espetó la gobernanta—. ¿O
no sabes que «la suerte de la fea la guapa la desea»?
—OH, sí, en mi caso ha funcionado muy bien — replicó irónica.
—La belleza exterior es lo que menos peso tiene en una relación, niña, porque se
marchita, igual que la flores. La fuerza de carácter, en cambio, permanece y eso a ti
te sobra.
_______ sonrió para sí. A veces Bella se ponía un poco quisquillosa, pero era un
verdadero ángel.
Durante los dos días siguientes, Tom se volcó en el trabajo y ______ apenas lo vio
excepto a la hora del almuerzo. Estaba ojeroso, y tosía bastante. Casi no habían
hablado desde el domingo, cuando la recogiera después de misa. Se había mostrado
respetuoso con ella pero también distante, y _______ estaba empezando a pensar que la
estaba evitando, y sabía muy bien cuál era la razón: no quería una relación.
Probablemente temía que ella pudiera hacerse ilusiones. Pues si se trataba de eso, se
dijo ______, no tenía que preocuparse. No estaba tan desesperada. Le había dicho que no
iba a perseguirlo, y no lo haría.
A pesar de todo, no podía evitar preocuparse por él. Tenía muy mal aspecto, y
cuando, hacia finales de esa semana, no fue a la casa a cenar, tuvo un mal
presentimiento. Finalmente Bella fue a la cabaña donde lo habían instalado para ver si
le había pasado algo. La mujer le había dicho a ______ que debería ir ella misma, pero la
joven se había negado y le había rogado que fuera en su lugar. Lo último que quería era
que pensase que estaba pendiente de él.
Media hora más tarde, regresó Bella con expresión preocupada.
—Dice que solo está cansado, y que lo único que necesita es dormir. En fin,
veremos cómo amanece mañana.
_______ tuvo que hacer un gran esfuerzo para no salir corriendo e ir a la cabaña a
ver a Tom. No estaba segura de que no tuviera importancia, como le había dicho a
Bella. Por lo que les había contado cuando llegara al rancho, era la salud personificada,
nunca en su vida había guardado cama. Claro que siempre había una primera vez para
todo, se dijo la joven con un suspiro, y sobre todo teniendo en cuenta que había estado
matándose a trabajar desde su llegada...
Mientras Bella tricotaba en su mecedora, _______, sin darse cuenta siquiera de lo
que hacía, empezó a pasearse inquieta arriba y abajo por el salón, hasta que la mujer le
dijo con fina ironía que estaba gastando la alfombra.
Decidió que lo mejor sería subir a su habitación, donde podría pasearse cuanto
quisiera sin que nadie la molestara, pero, una vez allí, comprendió que el pensar en ello
solo la ponía más nerviosa y, al cabo del rato se puso el pijama y se metió en la cama,
quedándose dormida después de dar unas cuantas vueltas más.
A la mañana siguiente, nada más levantarse, el primer pensamiento de ______ fue
para Tom. Se vistió, se hizo una coleta y corrió escaleras abajo.
—¿Has ido a ver a Tom? —le preguntó a Bella.
La mujer frunció el ceño, alzando la vista de la bandeja que tenía en la mano.
—Lo haré en cuanto haya metido estas galletas en el horno.
—Déjalo, ya voy yo.
Y antes de que Bella pudiera decir una palabra, la joven había salido ya por la
puerta trasera.
Al llegar a la cabaña, _______ llamó a la puerta, pero nadie contestó. Volvió a llamar...
Nada. Se quedó allí de pie, dudando qué hacer. Tal vez estaba dormido, o se encontraba
tan mal que no podía levantarse a abrir. Giró el pomo, y la alivió ver que Tom no había
echado el cerrojo. Abrió un poco y asomó la cabeza. Se aventuró a entrar hasta la
salita, con el corazón latiéndole como un loco.
—¿Tom? —lo llamó.
Escuchó un suave gemido que provenía del dormitorio, y lo siguió, temiéndose
encontrarlo desnudo. Se detuvo junto a la puerta entreabierta.
—¿Tom? —dijo llamando suavemente con los nudillos, y abriendo despacio.
Estaba tapado hasta la cintura, pero el ancho y musculoso tórax y los fuertes
brazos, al descubierto, estaban desnudos. Lo vio abrir los ojos.
—______... Dios, me encuentro fatal...
La joven se acercó a él.
—¿Podrías llamar a un médico? —le pidió Tom con voz ronca—. No he dormido
nada y me duele el pecho. Creo que es bronquitis... —dijo tosiendo.
—Lo llamaré, no te preocupes —contestó ______. Le tocó la frente. Estaba
ardiendo—. Quédate aquí y no te muevas. Te traeré algo frío de beber y llamaré al
médico-. Voy a cuidar de ti.
Tom la miró a los ojos, escudriñando en ellos.
La sensación que se había producido en él al escuchar sus últimas palabras era la
más extraña que había tenido jamás. Nunca nadie había cuidado de él, pero, en cierto
modo, no pudo evitar admitir para sí, que no querría que nadie más que ______ lo hiciera.
—Vuelvo enseguida —murmuró la joven, ocultando su preocupación con una leve
sonrisa.


HOLA!! TERCER CAPS .. ESPERO Y LO DISFRUTEN ... 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA :))

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