Capítulo 4
______ sacó un refresco bien frío de la pequeña nevera de
Tom y le hizo dar un
par de sorbos antes de correr a la casa para llamar al
médico. Bella se quedó
escuchando en el pasillo cómo ______ describía los
síntomas al doctor Morrison,
quien le dijo que llevara a Tom a la clínica en cuanto
pudiera.
—Seguro que piensa que pueda ser neumonía — murmuró
______ pálida tras
colgar—. Tose muchísimo y tiene la frente ardiendo.
—Iremos a buscar a Chappy para que os acompañe... ¿O
prefieres que vaya yo?
—No, está bien —repuso ______—. Además, yo iba a llevar a
los huéspedes de
compras, pero tendrá que hacerlo Chappy en mi lugar
cuando volvamos.
—No va a hacerle ninguna gracia —le advirtió Bella.
—Lo sé, pero alguien tiene que cuidar de Tom.
Bella sonrió maliciosa, y tuvo que morderse la lengua
para no hablar. Ella misma
podría haberse ocupado de él, pero estaba muy claro que
______ ya se había asignado
esa tarea. ¿Quién era ella para interferir?
—Cierto —le dijo sin dejar de sonreír—. Bien, vamos por
Chappy.
Sin embargo, cuando salieron de la casa, no lo
encontraron por ninguna parte, y
tampoco la vieja camioneta que solía usar.
— ¡Marlowe!, ¿Tienes idea de dónde ha ido Chappy? —voceó
Bella al joven peón,
que sacaba en ese momento un caballo de los establos.
—¿El viejo? Ha ido a la ciudad, tenía que recoger unas
medicinas del veterinario
para el ternero enfermo. Pero hará media hora que se
marchó, así que ya debe estar a
punto de volver.
—Estupendo —masculló ______—. Estaré con Tom —le dijo a
Bella—. Manda a
Chappy a la cabaña en cuanto regrese.
Y, sin decir más, bajó por el caminillo que llevaba a la
cabaña. Tom estaba
dormido cuando entró.
—Tom —lo llamó zarandeándolo suavemente por el brazo—.
Tom, despierta.
Él abrió los ojos al instante, pero la miró desorientado.
—¿______? —murmuró tratando en vano de incorporarse.
—El doctor Morrison nos ha dicho que te llevemos a la
clínica —le explicó—.
Tienes que vestirte.
Tom dejó escapar una risa sin fuerzas.
—Me temo que eso va a ser bastante más difícil de lo que
piensas. Me siento tan
débil como un recién nacido —un repentino ataque de tos
lo hizo doblarse de dolor—.
¡Diablos!, me duele como si me hubiera roto una costilla.
A ______ se le cayó el alma a los pies al oírle decir
aquello. Seguramente era
neumonía. Su madre había muerto por esa afección cuando
ella era solo una niña, y,
desde entonces, la sola palabra le causaba verdadero
pánico.
—¿Entonces no... no puedes vestirte solo?
—Me temo que no —respondió él dejando escapar un suspiro.
—Chappy ha ido a la ciudad —farfulló ______ pensativa,
más para sí que para él—,
pero está Marlowe... o Bella...
—Ni hablar —se negó Tom rotundamente—. Puede que suene
ridículo, pero no
quiero que me vista un imberbe palabrotero, y mucho menos
una matrona sarcástica.
Me niego. Si quieres que me vista, te dejaré que me
ayudes, pero no se te ocurra
llamar a nadie más, ni siquiera a Chappy.
______ lo miró incrédula. Nunca habría pensado que a los
hombres les diera
vergüenza que los vieran sin ropa. Se quedó dudando un
momento.
—De acuerdo —accedió finalmente—, con la condición de que
tú te pongas los...
bueno, la ropa interior —balbució tragando saliva—. Luego
te ayudaré con el resto.
—¿No has visto nunca a un hombre desnudo? — inquirió Tom
divertido.
—No, y no quiero verlo —contestó ella nerviosa.
—Tal vez no tengas elección —se rió él empezando a toser
de nuevo—. Los
calzoncillos, las camisetas y los calcetines están en el
primer cajón de la cómoda, y
saca del armario una camisa cualquiera y un vaquero —le
indicó.
______ tardó un momento en ponerse en marcha, azorada
como estaba ante lo que
iba a hacer, pero finalmente se dijo que lo mejor era
pasar el trago cuanto antes para
poder llevarlo a la clínica y asegurarse de que lo viera
el médico. Era lo único que
importaba, su bienestar, no era momento de ponerse puritana.
Tomó del cajón y del armario lo que le había pedido y se
aproximó a la cama,
dejándolo todo sobre la colcha, pero cuando Tom trató de
incorporarse para
quedarse sentado, empezó a toser con tal violencia, que
se tuvo que agarrar el pecho
con una mano, y se dejó caer de nuevo sobre el colchón.
— ¡Dios!, ¡Cómo duele! —masculló con voz ronca—. Debió
ser la polvareda del otro
día. Traíamos de vuelta al ganado y de pronto nos vimos
dentro de una enorme nube de
polvo. Me temo que inhalé demasiada de esa maldita
arenilla fina. Al principio me
notaba algo congestionado, pero pensé que sería
alergia... hasta esta mañana, claro.
Empezó a toser otra vez, y cuando se le hubo pasado el
ataque, vio que ______
estaba mirando casi con aprensión la ropa que ______ había
dejado a su lado, como si
fuera una serpiente que fuera a saltar sobre ella en
cualquier momento.
— Creo que no puedo hacer esto —murmuró alzando los ojos
hacia él.
—Claro que sí —replicó él—, sube la ropa de la cama hasta
mis muslos y méteme
los calzoncillos por las piernas. Solo tendrás que
subirlos un poco. Yo terminaré de
ponérmelos.
_______ se sonrojó profusamente al tomar los
calzoncillos.
—Lo siento —farfulló tratando de metérselos por los pies
y los tobillos con
bastante torpeza—, a las solteronas no se nos dan muy
bien estas cosas.
—A los solteros tampoco, no creas —dijo Tom entre risas,
provocando nuevas
toses—. Vamos, ______, puedes hacerlo. Cierra los ojos y
tira hacia arriba.
______ se rió nerviosa.
—Sí, me temo que va a ser la única manera —admitió
cerrando los ojos.
Al subir la prenda hacia arriba sintió contra el dorso de
sus manos sudorosas la
calidez y firmeza de los muslos de Tom. No pudo evitar
ponderar para sus adentros
lo perfecta y masculina que era su anatomía. Siguió
tirando de los calzoncillos hasta
que notó el borde de la colcha, y no tuvo valor para
continuar.
—¿Es... suficiente así? —le preguntó a Tom azorada.
—Me las apañaré —asintió él metiendo las manos. Tiró con
cierta dificultad, pero
lo consiguió y se dejó caer de nuevo sobre el colchón
dolorido—. Ya está.
______ procedió entonces a ponerle los calcetines.
—Nunca imaginé que volverían a vestirme cuando fuera un
adulto — comentó
Tom riendo suavemente mientras ella le hacía levantar los
brazos para meterle la
camiseta de tirantes.
—Bueno, siempre hay una primera vez para todo —contestó
ella sin poder
apartar la vista de su tórax.
Sus ojos recorrieron la mata de vello que lo
cubría, descendiendo hasta
desaparecer bajo la colcha y la sábana. Cuando extendió
las manos por detrás de su
espalda para tirar de la camiseta hacia abajo, su rostro
estaba casi pegando con el
pecho de Tom, y tuvo que apretar los dientes para no
besarle la piel, y se vio invadida
por las sensaciones más inoportunas. No era el momento,
se dijo molesta consigo
misma. Además, era una estupidez pensar en esas cosas
cuando él le había advertido
que no quería una relación.
—Estás roja como un tomate —comentó Tom divertido—. Pero
no ha sido tan
terrible como esperabas, ¿verdad?
—No, la verdad es que no — murmuró ella esbozando una
sonrisa. Lo ayudó a
ponerse la camisa, le abrochó los puños y después uno a
uno los botones. Era una
verdadera tortura—. Es solo... —musitó a modo de
explicación—, que esto es nuevo
para mí.
—¿Nunca tuviste que vestir a tu hermano cuando era
pequeño?
—No, Ted era unos años mayor que yo —contestó ______—.
Además, estudiaba en
un internado, así que pasábamos muy poco tiempo juntos.
Mis padres lo adoraban, él
era su mundo, y yo... supongo que fui poco más o menos un
accidente. Pero siempre
trataron de hacer que no me sintiera excluida.
—Mi padre nunca quiso tener ningún hijo —confesó Tom—.
Nos trataba como si
no valiéramos nada, y casi estuvo a punto de acabar con
la autoestima de mi hermana
Shelby, pero los dos sobrevivimos. Resulta irónico que
tras su muerte tuviéramos que
vender el rancho. Si hubiera vivido nos habría
sacrificado a los dos con tal de
retenerlo.
______ lo miró mientras desdoblaba los vaqueros.
—Un día tendrás tu propio rancho —le dijo con certeza—, y
tus hijos se sentirán
muy queridos.
— Si es que los tengo —repuso Tom—. Algunos hombres no se
casan nunca. Tal
vez yo sea uno de ellos.
______ le metió los pantalones por los pies y tiró hacia
arriba tanto como pudo.
Eran bastante ajustados, y la tela era dura.
—Si levantas un poco las caderas, creo que podré
subírtelos del todo —murmuró
______ incómoda.
Apartó la vista cuando él retiró la sábana y la colcha,
pero tenía que mirarlo para
terminar de subirle los pantalones, y notó que se le
arrebolaban de nuevo las mejillas
al verle los calzoncillos.
—bien —dijo tragando saliva—, allá vamos.
Cerró los ojos y tiró hacia arriba hasta que logró
llevarlos hasta la cintura. Sin
embargo, no se atrevió a tocar la cremallera, como si
fuera a quemarse.
—Eso ya puedo hacerlo yo —la tranquilizó Tom
comprendiendo lo que le ocurría.
_______ casi suspiró de alivio. Él le indicó dónde
estaban sus botas, y la joven fue
por ellas. Eran unas botas altas de cuero negro,
brillantes como el carbón mojado, y
aunque al principio pensó que sería bastante difícil
ponérselas, resultaron ser muy
flexibles. A continuación, la joven fue por un peine y le
arregló el cabello mientras
Tom, recostado sobre la almohada, la observaba en un
silencio desconcertante con los
ojos enfebrecidos.
De pronto, el ruido del motor de un vehículo rompió la
tensión del momento.
—Debe ser Chappy —dijo ______ levantándose. Iba a ir
hacia la puerta, pero se
paró en seco—. Tom... ¿no le dirás que yo...?
—¿Qué me has ayudado a vestirme? —dijo él esbozando una
sonrisa—. No, no se
lo diré a nadie. Quedará entre nosotros —le aseguró.
Y entonces la sonrisa se desvaneció, y fue reemplazada
por una intensa y
turbadora mirada. ______ sintió que el corazón le daba un
brinco, pero se dio la vuelta,
esforzándose por no dejarle entrever su nerviosismo, y
fue a abrir la puerta.
Entre Chappy y ella metieron a Tom en el asiento trasero
de la vieja camioneta,
y lo llevaron a la clínica.
Una vez allí, mientras el médico examinaba a Tom, Chappy
y ______ se sentaron en
la sala de espera. Chappy, como era usual en él, estaba
muy calmado, y se había puesto
a ojear un periódico, pero _______ estaba sentada en el
filo del asiento de plástico y no
hacía más que morderse las uñas.
Cuando finalmente apareció el médico, la joven se levantó
al instante y este le
pidió que lo acompañara a una pequeña salita privada.
—Tiene bronquitis aguda —le dijo el doctor cuando se
hubieron sentado en los
silloncitos de cuero—, pero se pondrá bien.
______ se echó hacia atrás aliviada.
—Gracias a Dios —murmuró—. Me temía que fuera neumonía:
ese dolor en el
pecho...
—Al toser tanto, ha tenido un tirón en un músculo del
tórax. No es nada grave
—le explicó el doctor Morrison—. Debe guardar cama hasta
que la fiebre remita.
Entonces podrá levantarse, pero nada de trabajo en al
menos una semana. Pasado ese
tiempo, quiero que venga a verme de nuevo. Ten, aquí
tienes las prescripciones: un
antibiótico, y un expectorante para la tos. Dale
aspirinas para la fiebre y, si
empeorara, no dudes en llamarme, ¿de acuerdo? Y nada de
trabajo en una semana.
— Sí, doctor. Gracias. Tom le ha dado un empujón tremendo
al negocio, pero
desde luego no quisiera tener que enterrarlo en el
rancho.
—Pues me temo que tendrás que ponerle un perro guardián
para que no se
levante de la cama. Es un hombre muy cabezota. He estado
intentando explicárselo,
pero no ha habido manera. Por eso he pensado que sería
mejor hablar contigo, ______.
Ella asintió con la cabeza.
—Tal vez haga caso de su idea y le ponga un buldog en el
dormitorio —se rió la
joven. Se sentía ligera como el aire: Tom no tenía
neumonía, y se iba a poner bien—
Gracias de nuevo.
Se despidieron, y fue a buscar a Chappy para que la
ayudara de nuevo a meter a
Tom en la camioneta. De camino al rancho, la pobre ______
empezó a ponerse
Nerviosa de nuevo ante la perspectiva de tener que
ayudarlo también a desvestirse,
pero al llegar a la cabaña, él le dijo que se encontraba
un poco mejor y lo haría solo.
—De acuerdo, entonces iré a decirle a Bella que te
prepare una sopa de pollo
—respondió ella, tratando de no mostrar alivio ni
decepción.
Salió de la cabaña y tras dar instrucciones a Chappy para
que comprara los
medicamentos, fue a la casa para contárselo todo a Bella
y recoger las cosas que
necesitaría. Le había dicho a Tom que iba a cuidar de él
y lo haría.
—Bueno, supongo que débil como está no supone una amenaza
—comentó Bella
con sorna, al enterarse de que tenía intención de
quedarse con él esa noche—. Pero si
me necesitas, aquí estaré. Si quieres también podría
quedarme yo con él unas horas
para que tú puedas dormir algo. El sillón de la cabaña no
es muy cómodo que digamos...
—Gracias, pero no te preocupes, yo me encargaré.
—Como quieras —dijo la mujer encogiéndose de hombros—.
Bueno, llevaré la sopa
en cuanto esté lista.
—Bien —asintió ______—. Me marcho antes de que se escape.
Hasta luego.
Al regresar a la cabaña, encontró a Tom dormido. ______
se quedó observando un
buen rato su rostro relajado, y deteniéndose en los
sensuales labios. El solo mirarlo
era como un banquete para la vista, y tuvo que hacer un
esfuerzo enorme para mirar a
otro lado. Tal vez lo mejor sería entretenerse haciendo
algo, se dijo yendo a arreglar
un poco la pequeña cocina.
Exprimió naranja hasta llenar una jarra con su zumo, y la
puso en el refrigerador,
lavó los pocos platos y cubiertos que había en el
fregadero, y tras asomarse un
instante para ver si seguía dormido, se deslizó en
silencio hasta la salita para buscar
un libro y entretenerse leyendo un rato.
Encontró un volumen sobre los indios norteamericanos y se
sentó a hojearlo,
pero unas fotografías sobre la repisa que había encima de
la chimenea captaron su
atención. Se levantó para verlas más de cerca. Había una
de una mujer joven de largo
cabello negro y ojos verdes. Su rostro era muy hermoso,
pero parecía melancólica. Al
lado, había una foto de la misma mujer, vestida de
blanco, con un hombre muy alto y de
expresión torva a su lado. Ella debía ser Shelby, la
hermana de Tom, se dijo. Y el
hombre sin duda era su marido. No era nada atractivo,
pero tal vez tuviera otras
virtudes, pensó.
Iba a sentarse de nuevo, pero en ese momento llamaron a
la puerta. Era Bella,
que le llevaba la sopa y también las medicinas que había
comprado Chappy.
Cuando se hubo marchado, ______ sirvió un poco de sopa en
un tazón, llenó un vaso
de zumo y puso ambas cosas en una bandeja junto con los
medicamentos para llevarlos
al dormitorio de Tom.
Dejó la bandeja sobre la mesita de noche, y se sentó al
borde de la cama,
tocándole ligeramente el brazo para que se despertara.
¿Por qué no podía dejar de
admirar su torso desnudo?, Se preguntó azorada.
—Tom... te he traído las medicinas—le dijo.
Tom abrió los ojos lentamente y se frotó el rostro,
emitiendo un gruñido.
—Hum... Odio los medicamentos —murmuró—. Un bistec me
iría mucho mejor.
—Sigue soñando. Por ahora tendrás que conformarte con un
poco de sopa y mi
apoyo.
—¿Qué hora es?
—Casi ha anochecido —respondió ______—. No te lo vas a
creer, pero, después de
refunfuñar, Chappy llevó a los huéspedes de compras a la
ciudad y ahora está cenando
con ellos. Lo estaba oyendo contar batallitas desde la
ventana de la cocina, y a los
demás riéndose.
— ¡Quién lo hubiera dicho!
—Bueno, vamos con esa sopa. OH, y mira, te he hecho zumo
—le dijo la joven
sonriendo, como orgullosa de ser una enfermera tan
eficiente.
Lo hizo tomarse el comprimido de antibiótico con un trago
de zumo, y a
continuación le metió una cucharada de jarabe para la tos
en la boca.
— ¡Aj!, ¡Sabe horrible —masculló Tom contrayendo el
rostro.
—Quejica... —dijo ______—. ¿Crees que puedes sentarte
para tomar la sopa?
Tom se incorporó despacio y trabajosamente. La sábana
cayó hasta sus caderas,
pero la joven vislumbró con alivio la cinturilla de unos
calzoncillos: no estaba desnudo.
—Me los he dejado puestos para que no te escandalizaras
—comentó Tom
divertido al ver dónde estaba mirando.
—Gracias —dijo ______ tímidamente, sonrojándose.
—No, gracias a ti por ocuparte de mí —repuso él —. Siento
ser una molestia,
______.
—No eres ninguna molestia. Además, no es culpa tuya que
te hayas puesto
enfermo —murmuró ella.
Y empezó a darle la sopa, sin darse cuenta de que lo
amorosamente que lo estaba
haciendo delataba sus sentimientos.
—Bueno, supongo que como tú decías siempre, hay una
primera vez para todo, y
estoy seguro de que en un par de días estaré otra vez
como nuevo para volver al
trabajo.
— ¡Ah, no! De eso nada —lo reprendió ______ -, el doctor
Morrison me dijo que
tenías que guardar cama hasta que se te quitara la
fiebre, y que debías estar sin
trabajar al menos una semana. Y no trates de engañarme,
porque si no llamaré a mi tío.
—Entendido, entendido, me portaré bien —prometió él con
voz cansina.
—Buen chico —dijo ______ sonriendo satisfecha—, y ahora
toma un poco más de
sopa —añadió metiéndole otra cucharada en la boca antes
de que pudiera negarse.
Aquella noche Tom durmió de un tirón. No así ella, que
aproximadamente cada
hora iba a comprobar cómo estaba, aunque finalmente se
acurrucó en el sillón y se
quedó dormida también.
El día siguiente, Tom cumplió su palabra y dejó que
_______ lo cuidará y se tomó las
medicinas sin rechistar, pero al tercer día se sentía ya
mucho mejor y tan impaciente
por salir, que todo le parecía mal, encontraba la comida
que le mandaba Bella
demasiado caliente, demasiado pesada, demasiado
especiada...; no quería seguir
guardando cama porque se sentía inútil; Detestaba las
medicinas; y aquella mañana,
para acabar con el cuadro, le dijo a ______ que no tenía
por qué estar todo el día encima
de él.
La joven se quedó de pie, junto a la cama, mirándolo
furiosa con los brazos en
jarras. ¿Así le agradecía que se pasase los días y las
noches cuidándolo?
—Pues lo siento por usted si está harto de mí, señor
Kaulitz —le espetó
irritada—, pero el médico dijo que no debías trabajar en
una semana, y alguien tiene
que asegurarse de que así sea. Además, con este solo
llevas tres días en cama, y el
antibiótico apenas sí ha empezado a hacer efecto.
— ¡Oh, por favor, ______! Estoy harto de estar aquí
tirado. Vamos, no me pasará
nada. Dame mi ropa, ¿quieres? —la instó, haciendo un
gesto en dirección a la silla
donde Bella había dejado una camisa planchada y unos
vaqueros.
— ¡Ah, no! No, no, no... —exclamó ella meneando la cabeza
y enrojeciendo—. No
pienso pasar por eso otra vez, y como tú todavía no
puedes hacerlo solo...
— ¡Ya lo creo que puedo! —rugió él.
Trató de sentarse, pero como contrajo el rostro dolorido,
estaba muy claro que
aún no podía. Lanzó un gruñido casi animal y se dejó caer
frustrado sobre el colchón.
—¡Maldita sea! —masculló entre dientes—. ¡Maldita sea
esta estúpida
enfermedad y maldita seas tú también!
_______ lo habría fulminado con la mirada si hubiera
tenido ese poder.
—Gracias, muchas gracias —le dijo sarcástica—. ¡Qué cosa
tan amable para
decírsela a la persona que se encarga de darte de comer y
duerme en un sillón por si
necesitas algo por la noche!
— ¡Yo no te pedí que lo hicieras!
— ¡Pues alguien tenía que hacerlo! —le espetó ella.
—Muy bien, pues gracias —contestó él—. Eres una santa y
te recordaré en mi
testamento. Y ahora, ¿quieres salir de aquí y dejarme
volver al trabajo?
—No voy a dejar que lo hagas. No puedes trabajar durante
una semana, lo dijo el
doctor Morrison —le recordó ______ por decimonovena vez.
—Me da igual. Es para tu tío para quien trabajo, no para
ti, tú no puedes darme
órdenes.
—¿Por qué no atiendes a razones? —le dijo ella pasando por
alto esa insolencia.
—Lo haré si me das mi ropa.
—No pienso hacerlo.
—Pues lo haré yo.
—¿Ah, sí? Pues hazlo. Ni siquiera puedes levantarte.
Estaba muy equivocada, la irritación hizo a Tom sacar
fuerzas de donde no las
tenía y, tras lanzarle una mirada furibunda, arrojó la
sábana a un lado y se puso de pie.
El rostro de ______ pasó de sonrosado a rojo escarlata en
unos segundos... estaba
desnudo.
HOLA!! TARDE PERO SEGURO ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA .. HASTA PRONTO :))
O.o Tom es un exibicionist!
ResponderEliminarSiguela
oh madre de dios!!!! -o-
ResponderEliminarSube pronto :)
ResponderEliminarSubeeee me encantoooo
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