sábado, 23 de abril de 2016

5

Capítulo 5
El sonrojo le subió a ______ hasta las orejas, pero tras recobrar el aliento, se dio
media vuelta y salió corriendo de la habitación.
Tom se sintió inmediatamente como un canalla. No tenía derecho a asustarla de
aquel modo, y menos cuando sabía lo inocente que era. Se sentó en la cama, habiéndose
disipado su mal humor, y se tapó otra vez con la sábana.
—_______... —la llamó suavemente.
La joven no contestó. Estaba en la salita, temblando, con los brazos rodeándose a
sí misma mientras trataba de decidir si quedarse o marcharse. Si Tom iba a ponerle
las cosas así de difíciles, tal vez lo mejor sería no pasar allí un segundo más. Verlo en
cueros la había dejado muy turbada. Nunca había visto a un hombre desnudo, y Tom
era realmente... impresionante. El corazón le dio un brinco al escuchar que la llamaba
de nuevo.
Inspiró profundamente, se giró sobre los talones y apretó los dientes mientras
se dirigía de vuelta al dormitorio. Se detuvo en la puerta sin alzar la vista hacia él.
—Lo siento —murmuró Tom—. No volveré a hacerlo.
_______ meneó la cabeza.
—Si tantos deseos tienes de matarte, adelante, no te detendré, pero por tu bien
quisiera que siguieras las indicaciones del médico.
Tom escrutó el rostro de la joven.
—Está bien, maldita sea, cualquier cosa con tal de quitarte esa cara de espanto.
Hasta guardar cama si es necesario —añadió en tono cansancio, volviendo a tumbarse.
______ se sentía como una idiota, como una colegiala. ¿Por qué no podría ser madura
y sofisticada?
—¿Quieres que te traiga alguna cosa? —le ofreció.
—Te agradecería un poco de zumo —contestó Tom— . Y si me das unos
calzoncillos del cajón, me los pondré.
______ fue a la cocina y volvió con el vaso de zumo, que dejó sobre la mesilla para
buscar los calzoncillos. Cuando se los fue a dar, sin embargo, Tom la pilló
desprevenida y la agarró por la muñeca, tirando hacia sí, de modo que quedó sentada
en la cama.
—Es increíble que tengas veinticuatro años y seas tan inocente —le dijo con
voz queda—, sobre todo con la de gente que pasa por aquí cada año...
—Ya sabes que no me mezclo demasiado con los huéspedes —respondió ella. No
pudo evitar que sus ojos descendieran para admirar el ancho tórax desnudo—. La idea
de convertir esto en un rancho para turistas no fue mía, pero también es verdad que
de otro modo habría tenido que venderlo.
—¿Y no sales nunca por ahí, a divertirte? Habrá habido algún hombre que...
La joven bajó la vista.
—No tengo tiempo para esas cosas.
—Hay tantos secretos entre nosotros, ______... — murmuró Tom acariciándole
suavemente la mano—. Demasiados.
—Tú me dijiste que no estabas interesado en una relación. Pues a mí me pasa lo
mismo, no es más que eso —mintió ella.
—¿Seguro? ¿No será por esa tontería de que crees que ningún hombre podría
sentirse atraído por ti?
______ había olvidado que le había dicho eso el domingo que la había recogido
después de misa, el día que le había dado aquel glorioso beso.
—Y por eso también —murmuró.
—Pues estás equivocada: eres una mujer bonita — repuso Tom—. El que no
resaltes tus atractivos no significa que no los tengas. No es tan difícil, _______.
Cómprate un vestido nuevo y arréglate el pelo para el próximo baile de cuadrillas
—le sugirió extendiendo la mano para enredar en sus dedos un mechón de pelo—.
Y yo te enseñaré a bailar.
______ apenas si podía respirar. Se sentía nerviosa e insegura. La otra mano de
Tom trazaba arabescos en su muñeca, provocándole un excitante cosquilleo.
—Tom, no... —murmuró mordiéndose el labio inferior—. Solo estás aburrido de
este encierro forzado, y cuando vuelvas al trabajo te... Y yo...
—Crees que estoy jugando contigo —adivinó él.
______ suspiró.
—Sí.
Tom tomó la mano de la joven y la colocó con la palma abierta sobre su corazón.
_______ pudo sentirlo latir como si fuera un tambor.
—¿Crees que sería capaz de jugar con una chica inocente como tú? —le preguntó
Tom suavemente.
Su intuición le decía que no, pero en aquel momento le era imposible poner sus
pensamientos en claro. El efecto que tenía sobre ella era demasiado grande, y ______n
ansiaba desesperadamente el afecto que nunca había recibido de ningún hombre.
—No importa —dijo él con voz ronca. Tiró de su mano para atraerla hacia sí—.
Ven aquí.
—Pero, Tom, estás enfermo...
—Ni siquiera tengo fiebre —repuso él. La hizo tumbarse, e inclinó sobre ella su
torso desnudo—. En mi vida he conocido a una mujer con menos confianza en sí misma
que tú, ______. Y no lo comprendo, ¿sabes?, Porque no hay nada malo en tu forma de
ser, ni en tu aspecto.
—Tom, me estás asustando —musitó ______.
Aquello estaba haciendo que volvieran a aflorar en su mente los recuerdos de
aquel otro hombre al que había amado, o creía que había amado, y cómo la había
tratado, pero Tom no era McAnders. El modo en que la estaba mirando era
embriagador y verdaderamente la deseaba, no como Darren, que la había utilizado
para dar celos a Margie.
—Pues no tienes por qué asustarte —le dijo Tom tomándola de la barbilla para
alzarle el rostro—. No voy a hacerte ningún daño, nunca te lo haría. Además, jamás te
forzaría a hacer algo que tú no quisieras.
_______ empezó a relajarse. Era cierto que no había en él nada amenazador. Parecía
que tuviera total control sobre sí mismo, y se mostraba tan dulce con ella...
—Eso es — murmuró Tom notando que se iba disipando la tensión de su
cuerpo—. No voy a hacerte ningún daño.
Mientras hablaba, Tom fue inclinando la cabeza. Besó suavemente los párpados
de la joven, la nariz, la barbilla, y finalmente tomó sus labios. ______ contuvo el aliento
y una delicada tierna presión le hizo abrir la boca para darle acceso.
Tom le sacó la blusa de los pantalones, e introdujo las manos por debajo,
acariciándole la espalda. ______ suspiró. Era realmente adictivo, se dijo con la cabeza
mareada, mientras se dejaba envolver por una mirada de cálidas sensaciones. Cada
caricia era más excitante que la anterior, y pronto los gloriosos besos se convirtieron
en una necesidad mayor que el respirar.
Tímidamente, puso las manos en el tórax de Tom, permitiéndose explorarlo,
experimentar la densa mata de vello, y los músculos debajo de ella. Tom dejó escapar
un gemido. Se apartó un instante de ella y _______ abrió los ojos y escrutó su rostro.
—Lo siento —balbució pensando que lo había molestado.
—No, me ha gustado —repuso él con una sonrisa—. Y sé cómo hacer para que tú
gimas también.
Una ola de calor invadió a _______ ante esa sugerencia. Se estremeció de arriba
abajo, maravillándose ante las sensuales imágenes que cruzaron por su mente en un
instante: las manos de Tom recorriéndola, tocándola en...
—¿D... de verás? —balbució con la boca seca.
Tom sentía que la necesidad de tocarla, de descubrir los secretos que ocultaba,
era demasiado fuerte como para ignorarla. No comprendía cómo una joven tan
inocente podía excitar de ese modo sus sentidos, pero desde luego no podía negar
que así era.
Volvió a inclinarse, y mientras sus labios jugueteaban con los de ella, su mano se
deslizó hasta el enganche del sostén. Lo desabrochó, y comenzó a explorar el contorno
de uno de sus senos.
_______ se estremeció, pero no trató de apartarse, ni protestó. Tom notó que la
excitación crecía dentro de él. Era como si la sangre estuviese barboteando en sus
venas. Quería mirarla, quería ver la expresión de su rostro al tocarla.
Alzó la cabeza, y advirtió que su mirada ardorosa la turbó en un principio, pero
cuando volvió a acariciarla, ella cerró los ojos para concentrarse en las sensaciones.
_______ se notaba ardiendo de la cabeza a los pies, y pronto tuvo la impresión de que
su mente ya no gobernaba su cuerpo, porque este empezó a arquearse casi
involuntariamente hacia la mano de Tom, rogándole algo más que aquellas delirantes
caricias.
—¿T..om? —lo llamó jadeante.
La otra mano de él se colocó bajo la nuca de la joven, masajeándola mientras sus
ojos hambrientos estudiaban cada leve cambio de expresión en su rostro.
—Shhh —susurró suavemente sin dejar de acariciarla—. Está bien, cariño, está
bien.
Sus dedos estaban volviéndola loca, y ______ sentía como si cada músculo de su
cuerpo estuviera totalmente tenso. Sentía que, si no ocurría pronto lo que ansiaba, aun
sin saber muy bien qué era, se iba a romper en dos, como un elástico estirado al límite.
De pronto, sin saber lo que hacía, hundió las uñas en la espalda de Tom. Al darse
cuenta, apartó las manos al instante.
—Lo... lo siento —musitó avergonzada, acariciándole la piel enrojecida—. Lo
siento, no pude evitarlo...
—No me has hecho daño —le susurró Tom con ternura—. Esto es como una
sinfonía —le explicó sonriendo—: empieza con una música suave, y el ritmo va
aumentando poco a poco, hasta llegar a un crescendo. Cuando finalmente te dé lo que
ansías, _______, experimentarás un placer indescriptible —murmuró acariciándole
el seno más sensualmente.
La joven apretó los dientes. La tensión era cada vez más insoportable.
—Pero... ¿cuándo...?
Y antes de que pudiera terminar la pregunta, la mano de Tom se cerró sobre su
seno, cubriéndolo. _______ sintió como si explotaran fuegos artificiales en su interior.
Gimió dentro de la boca de Tom, su mano buscó la de él a través de la tela de la blusa,
y la retuvo contra su seno, extasiada. Durante varios minutos, lo único que se escuchó
en el silencio de la habitación, fue la rápida y entrecortada respiración de ambos.
—No es bastante —jadeó Tom despegando sus labios de los de _______. Comenzó a
desabrocharle la blusa—. No iré más lejos, lo prometo —le dijo mirándola a los ojos—,
pero... necesito... verte.
_______ sentía que le pesaban los párpados, y no fue capaz de reunir las fuerzas
necesarias para negarse, aunque tampoco quería. Lo que Tom acababa de darle era
dulce como la miel, y quería más. Sí, quería que viera sus senos, sentir sus ojos sobre
su piel desnuda.
Tom terminó de desabrocharle la blusa, la abrió y se quedó sentado a su lado,
observando maravillado sus senos con los pezones erguidos, como si fuera un paisaje
cuya belleza lo hubiera dejado sin aliento.
—Tom... —le susurró ella—. Una vez vi una película en la que... bueno, era un
poco... picante —dijo enrojeciendo—, y el protagonista no solo le tocaba los... bueno, ya
sabes, a la chica. También los besaba.
—¿Los senos? —murmuró Tom con una sonrisa, acariciándoselos ligeramente con
el dorso de la mano.
______ dio un respingo de placer y asintió despacio con la cabeza.
—¿Quieres que yo lo haga?
Ella se sonrojó aún más, pero no quería ni podía fingir.
—Oh, sí...
Tom se inclinó sobre ella, rozando la suave piel de sus pechos con sus labios,
dedicándoles excitantes caricias. Las sensaciones que invadieron a la joven eran mil
veces más maravillosas de lo que jamás había imaginado que pudieran ser.
Los dulces gemidos que emitía mientras la besaba, estaban volviendo loco a
Tom. Él mismo dejó escapar un profundo gemido con una areola dentro de su boca y la
atrajo hacia sí, entregándose ya sin restricción a la deliciosa tarea de darle placer.
Ninguno de los dos oyó que llamaban a la puerta, pero sí cuando volvieron a
hacerlo con más insistencia. Se quedaron quietos, escuchando.
Tom recobró el aliento poco a poco, y giró la cabeza hacia la puerta del
dormitorio entreabierta, con la mirada ligeramente borrosa y la mente todavía en el
limbo.
—Señor Kaulitz —se oyó decir a una voz masculina desde fuera de la casa. Era
Chappy —, le meto el correo por debajo de la puerta.
A continuación se escucharon pasos que se alejaban. ______ suspiró aliviada. No
quería ni imaginar lo que habría ocurrido si Chappy hubiera entrado en la cabaña. ¡Qué
vergüenza!
Tom volvió otra vez la cabeza y sus ojos fueron de los iris oscuros de ______ a sus
hinchados labios, y después a la piel alabastrina de sus senos.
—Ha sido increíble —le dijo acariciándola con ternura y sonriendo.
—Sí —musitó ______ encantada.
Tom se inclinó sobre ______, y frotó su tórax suavemente contra los senos de ella.
Observó encantado cómo la joven se estremecía y dejaba escapar un suspiro.
—Te deseo tanto, ______... —murmuró besándola. La notó tensarse ligeramente y se
apartó un poco para dirigirle una sonrisa tranquilizadora—. Pero como te he dicho, no
haré nada contra tu deseo —le aseguró de nuevo—. Anda, bésame una vez más y sal de
aquí.
La joven sonrió y, tras echarle los brazos al cuello, comenzó a besarlo
tímidamente, pero con tal ansia, que pronto Tom le respondió con pasión y pasaron
algunos minutos antes de que despegara sus labios de los de ______, le rodeará
la cintura y la hiciera rodar encima de él. Tardaron un buen rato en recobrar el aliento,
y Tom temblaba, tratando de controlar su deseo.
— Y será mejor que empieces a dejar a un lado esos pantalones y blusas anchos
—murmuró lanzando una mirada lasciva a sus senos—, porque ya no volverá a
engañarme ese camuflaje.
_______ se rió.
—Anda, abróchate —la instó Tom otra vez—. Estoy débil, pero creo que no
tanto para ciertas cosas... y no quiero que esto se nos vaya de las manos.
_______ se sentó a horcajadas encima de él y trazó nerviosamente el contorno de su
rostro con las manos.
Tom se quedó observándola un buen rato antes de decirle de improviso con una
sonrisa lobuna.
—¿Sabes? Habiéndome vestido tú el otro día... creo que vestirte yo ahora a ti es
lo mínimo que puedo hacer.
_______ consintió, deleitándose en la dulzura con que le volvió a colocar el sujetador
y le abrochó la blusa.
— ¡Dios! —suspiró Tom cuando hubo acabado—. Lo que de verdad me apetece es
arrancarte la ropa, arrastrarte conmigo bajo las sábanas y hacerte el amor hasta
perder la noción del tiempo, pero me odiaría si lo hiciera, porque no quiero abusar de
tu confianza y tu inocencia. No quiero que nada estropee esto que está surgiendo
entre nosotros.
—Yo tampoco quiero que se estropee —le dijo ella entrelazando sus dedos con
los de él.
Tom se llevó su mano a los labios y la besó con galantería.
—No creo que pueda dormir —le dijo—, me pasaré toda la noche recordando lo
maravilloso que ha sido el estar aquí contigo, amándonos.
La joven se estremeció de placer al escuchar esa última palabra. Sí, había sido
como hacer el amor, aunque no hubieran llegado al final. Sus ojos buscaron los de
Tom y lo miró radiante, con nuevas esperanzas escritas en el rostro.
—Nunca imaginé que sería así —murmuró pensativa—. Tan maravilloso...
—¿Y cómo creías que sería?
—No sé, pensaba que me daría miedo —le confesó sin querer decirle el porqué.
McAnders había estado borracho aquel día, y no la había tratado con ninguna
delicadeza. Temblaba solo de pensar en qué habría ocurrido si no hubiera acudido
Bella.
—¿Y no te he dado miedo? —inquirió Tom.
Ella sacudió la cabeza y sonrió.
—Un poco, pero era bonito... porque era algo nuevo para mí.
—También ha sido nuevo para mí —respondió Tom poniéndose serio—, ha sido
muy especial. Quería que lo supieras, que no pienses que soy un playboy, ______.
—Bueno, por la experiencia que has demostrado hace un momento, me parece que
tampoco has llevado vida de monje —replicó ella divertida.
—Eso no puedo negarlo. Pero siempre han sido mujeres que de un modo u otro
significaban algo para mí. Hacer el amor es algo demasiado hermoso como para
reducirlo a un modo de satisfacer las necesidades sexuales —trazó el labio inferior de
_______ con el índice—. Y ahora será mejor que se marche, señorita Regan, porque la
deseo muchísimo, y no sé cuánto más podré contenerme.
Ella se sonrojó y le dedicó una dulce sonrisa. Se puso de pie, recorriendo su
cuerpo posesivamente con la mirada.
—¿Quieres que te dé una lección de anatomía masculina? —la picó Tom—. Puedo
apartar la sábana y enseñarte un montón de cosas acerca de los hombres.
—No lo dudo —dijo ella riéndose, y más roja que una amapola.
—Estás preciosa cuando te ríes —murmuró Tom—. Y si no sales ahora mismo de
aquí, echaré a un lado esta sábana y saltaré sobre ti.
_______ sonrió y se dirigió hacia la puerta del dormitorio, volviéndose aún una vez
más para mirarlo, para después cerrar despacio la puerta tras de sí. Se sentía tan
ligera que tenía la sensación de que podría flotar si se lo propusiera.
A veces, se dijo, ocurrían las cosas más inesperadas. Habían estado discutiendo,
y estaba segura de que no había esperanza... y de repente, él la había besado con tanta
pasión y la había tratado con tanta ternura, que estaba empezando a construir otra
vez, sin querer, castillos en el aire. Le parecía imposible que un hombre como él
pudiera sentirse atraído por ella, pero el propio Tom le había asegurado que no se
trataba de ningún juego. Confiaba en él, estaba convencida de que la historia no se iba
a repetir otra vez.


HOLA!!! BUENO CAPS HOT ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA PRONTO :))

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