domingo, 24 de abril de 2016

6

Capítulo 6
A la mañana siguiente, unas voces procedentes de la cocina despertaron a
______. Parecía que Chappy y Bella estaban discutiendo. ¡Qué extraño...! Se apresuró a
ponerse un pantalón y una camisa de cuadros, salió al pasillo y se quedó escuchando.
— ¡No puedo imaginar cómo diablos puede habérsele ocurrido hacer algo así!
—estaba gritando la gobernanta, furiosa—. Ya sé que no lo sabía, y sé que no sería
capaz de algo tan mezquino aunque lo hubiera sabido, pero tenemos que sacarlo de aquí
como sea.
—Eso es imposible —le respondió Chappy — . El viejo Regan es el único que tiene
poder para contratar y despedir a los empleados del rancho. Ni siquiera ______ puede
hacer eso. Lo estúpido es que ninguna de las dos le dijerais nada a Kaulitz. ¡Si lo
hubierais hecho no tendríamos ahora este problema!
—No seas bruto, Chappy, esa clase de cosas no se cuentan a los extraños —gruñó
Bella.
—¿Y qué vamos a hacer?
—No lo sé. Dame tiempo.
—Muy bien. Entonces esperaré vuestras indicaciones.
______ oyó abrirse y cerrarse la puerta trasera. Chappy debía haber salido de la
casa. ______ se aventuró escaleras abajo, y cuando Bella la vio entrar en la cocina,
se puso roja como un tomate.
— ¡______!, ¡Qué temprano te has levantado hoy! — exclamó la mujer dirigiéndole
una sonrisa forzada.
—Os he oído —contestó la joven—. ¿Qué es lo que sucede? ¿Tiene algo que ver
con los peones nuevos que esperamos para hoy? —le dijo mordiéndose el labio
inferior—. Podemos mandárselos directamente a Tom para que los ponga al corriente
de sus tareas. Ayer estaba mucho mejor y...
—Creo que será mejor que te sientes, niña.
—¿Por qué? —inquirió ______ perpleja—. ¿Qué pasa?, ¿Ha contratado a Jack el
Destripador o qué? —bromeó. No podía comprender por qué Bella tenía esa expresión
de angustia en el rostro. Estaba tan feliz que le parecía que todo el mundo debía
estarlo también.
—Peor —replicó Bella. Inspiró profundamente, preguntándose cómo iba a decirle
lo que tenía que decirle—. En fin, no tiene sentido que me ande por las ramas, los malos
tragos hay que pasarlos cuanto antes mejor: Tom ha contratado a Darren McAnders.
______ se había puesto pálida, y parecía que se hubiera convertido en piedra.
Aquello era lo último que había esperado escuchar. Se dejó caer en una silla, porque
las piernas apenas la sostenían, y se notaba el pulso acelerado en la garganta. La
pesadilla que ya creía había superado volvía a asomar su fea cabeza.
— ¿Cómo ha podido? —musitó en un hilo de voz—. ¿Cómo ha podido darle trabajo
a ese hombre?
—Es imposible, Bella, Chappy y tú debéis estar confundidos.
—Me temo que no —murmuró la mujer sacudiendo preocupada la cabeza—. Por lo
que parece debe pensar que nueve años han sido suficientes para cerrar las heridas.
—Las mías no —repuso ______ enfadada—. Me utilizó, me hizo daño, me asustó... No
va a trabajar aquí de ninguna manera. Dile a Chappy que lo despida inmediatamente.
—Tú sabes muy bien que él no puede hacer eso, ______. Y tú tampoco. Tendrás que
ir a hablar con Tom y explicarle lo que ocurre.
La joven se puso aún más pálida. Después de lo que habían compartido el día
anterior, la sola idea de tener que relatarle la humillante experiencia que había
sufrido años atrás hacía que le entraran náuseas. Aquello implicaría tener que
explicarle que había flirteado con Darren, y que lo había perseguido sin ningún decoro
porque en realidad, aunque no le agradaba admitirlo, no había sido solamente culpa de
él. Había sido incapaz de hablar de ello con Bella y Margie, de revelarles hasta qué
punto ella había sido la causante de aquello. Pero también era cierto que ella había
estado enamorada de Darren, o creía haberlo estado, y por sus demostraciones
afectuosas, había imaginado que él también sentía algo por ella. Aquello, sin embargo,
no había evitado que, cuando había irrumpido en su habitación esperando obtener su
cooperación para sacarse a Margie, que lo había rechazado, de la cabeza. Apestaba a
alcohol, y trató de forzarla. Sin embargo, antes de que pudiera ir muy lejos, _______,
presa del pánico, empezó a chillar, y sus gritos hicieron que acudieran Bella y Margie.
—Si le cuentas a Tom por qué no quieres a Darren aquí lo comprenderá —le dijo
Bella.
______ no estaba tan segura de eso. Consideró la posibilidad de hablar con Darren,
pero la sola idea de tener que volver a ver su cara la repugnaba. No, nueve años no
habían bastado para borrar la vergüenza y el miedo, ni había dejado de reprocharse el
haberlo alentado.
—Lo intentaré —le dijo ______ saliendo por la puerta trasera.
No estaba dispuesta a contarle aquel suceso tan vergonzante, pero tal vez
hubiera otra manera.
Al llegar a la cabaña, llamó a la puerta con los nudillos. La voz de Tom le
contestó desde dentro que estaba abierto, así que entró. Lo encontró preparando
unos huevos revueltos con bacón en la pequeña cocina.
Se volvió a mirarla brevemente, como si hubiera olvidado lo que habían
compartido el día anterior o no quisiera recordarlo.
— Buenos días —la saludó con voz queda—. ¿Quieres desayunar?
Aquella frialdad acabó con el poco valor del que ______ había hecho acopio camino
de allí. No parecía el mismo hombre que la había besado como si no fuera a haber un
mañana. Tal vez se avergonzaba de haber actuado así, o quizás temiera que empezara
a atosigarlo. Las sombras del pasado empezaron a extender sus oscuros dedos sobre
______.
—No tengo hambre —contestó. Inspiró profundamente antes de volver a
hablar—. Me han dicho que uno de los nuevos peones que has contratado es Darren
McAnders. Quiero que se vaya. Hoy mismo.
Tom enarcó las cejas. Apagó el fuego de la cocina y se giró lentamente hacia ella.
—Me parece que no te he oído bien.
—He dicho que quiero a McAnders fuera de aquí ahora mismo —repitió ella con
rigidez—. No lo quiero en el rancho.
—¿Acaso crees que es fácil encontrar peones en esta época del año, cuando más
trabajo hay? —replicó Tom—. De hecho, ya nos falta un hombre, y ese McAnders
viene muy recomendado de un rancho de Wyoming. ¿Y quieres que lo despida antes
siquiera de que haya empezado a trabajar? Podría ponernos una demanda, y te aseguro
que llevaríamos todas las de perder.
—¿No vas a hacerlo? —le preguntó ______ con frialdad.
—No, no sin una buena razón. Si no lo quieres aquí, dime al menos por qué —le
espetó subrayando las últimas palabras.
A la joven le pareció que la estaba mirando como lo haría un inquisidor. ¿Acaso
había entrevisto algo?
—Somos viejos... «enemigos» —le dijo finalmente—. Es la única explicación que
puedo darte.
Tom sonrió de un modo burlón, y cuando contestó, su tono era frío.
—Es curioso —dijo—, porque McAnders me ha dicho esta mañana justamente lo
contrario: que erais amigos, amigos íntimos, de hecho.
______ se quedó allí de pie, mirando a Tom sin saber qué decir. Por su tono estaba
claro que creía que le estaba mintiendo. No sabía qué le habría contado Darren, pero
sin duda era lo que había hecho que la actitud de Tom hacia ella hubiera cambiado tan
radicalmente de un día para otro.
—Tranquila, no espero ninguna explicación —le dijo Tom sarcástico al ver que
dudaba. Obviamente aquel tipo había significado algo para ella, se dijo—,pero no
esperes que despida a un hombre solo porque fuera uno de tus antiguos amores —le
espetó burlón.
______ no dijo nada. De todos modos, él la estaba mirando de un modo que decía
claramente que no iba a creer una sola de las palabras que salieran de su boca, así que,
¿para qué molestarse? No la conocía lo suficientemente bien como para comprender
que nunca le pediría que despidiera a un hombre por despecho. Aquello era distinto,
muy distinto.
—¿No vas a decir nada?
______ sacudió la cabeza.
—No. Perdona que te haya molestado.
Tom la siguió con la mirada, ceñudo, mientras salía de la cabaña. ¿Por qué de
pronto se mostraba tan sumisa cuando momentos antes había estado furiosa y
exigente? ¿Qué había habido entre McAnders y ella? ¿Sentiría todavía algo por él?
¿O sería otra cosa? Tenía que haber insistido para que hablara.

______ temía más que a un toro bravo, el momento en que se cruzase con Darren, y
ocurrió sin previo aviso, al atardecer del día siguiente, cuando él pasó por delante del
porche trasero y ella salía por la puerta.
Alzó la vista, y allí estaba... el que había sido su primer amor, o mejor, su primer
encaprichamiento. Cuando lo había conocido, Darren tenía unos veinte años y entonces
debía rondar ya los treinta. El cabello castaño mostraba las primeras canas en las
sienes, pero fue en su rostro donde ______ vio reflejado el mayor cambio: parecía que
hubiera envejecido veinte años en lugar de diez, y la imborrable sonrisa que recordaba
se había borrado.
—Hola, ______ —la saludó con voz queda.
La joven no se movió, aunque por dentro dio un respingo. Ver a Darren le
recordaba su estúpido comportamiento del pasado y la hacía pensar en las terribles
consecuencias que podía haber acarreado. Era la prueba andante de que su
autodominio no era más que un mito, y eso no le hacía ninguna gracia.
—Hola, Darren —contestó con aspereza.
—Supongo que ya habrás dado orden de que me echen cuanto antes —le dijo él.
______ no se había esperado aquello en absoluto—. En cuanto me enteré de que
Estabas al cargo del rancho, estuve seguro de que había cometido un error al aceptar el
trabajo sin contarle la verdad a tu capataz —al ver que ______ no decía nada, Darren
frunció ligeramente el ceño—. ¿No te molesta que esté aquí?
—Por supuesto que me molesta —replicó ella. Sus ojos relampagueaban—. Me
molesta porque me recuerda lo estúpida que fui y que me utilizaste, pero aquello ya no
me afecta —mintió—. Quédate con el trabajo. No me importa nada.
Darren se quedó escrutando su rostro largo rato y, al reparar en lo descuidado
del aspecto de la joven, una sombra de tristeza cruzó por sus facciones.
—Sé que no me creerás, pero me sentí muy mal por lo que ocurrió, y aún me pesa
sobre la conciencia.
Parecía sincero, y en efecto daba la impresión de que a lo largo de aquellos nueve
años se hubiera arrepentido. ______ no sabía qué decir.
—¿Cómo está Marguerite? —inquirió Darren.
______ lo miró suspicaz. De algún modo había intuido que una de las razones de
Darren para querer trabajar en el rancho era la viudez de su cuñada. Se preguntó
cómo reaccionaría ella al enterarse.
—Le va muy bien. Vive con sus hijos en Tucson, y a veces vienen aquí a pasar el
fin de semana.
—Me enteré de lo de tu hermano —dijo Darren—. Lo siento mucho _______. Ted
siempre me pareció un gran tipo, y me detesto a mí mismo por el modo en que traicioné
su confianza.
—Por suerte él nunca supo lo que tú sentías por Margie —repuso ______ con
aspereza—. Y ahora si me disculpas...
—Has cambiado mucho —le dijo Darren de pronto, antes de que se diera la
vuelta—. Al principio no te había reconocido con esa forma de vestir.
La joven enrojeció de vergüenza y de ira al recordar la ropa tan ajustada que
solía llevar años atrás para atraer su atención.
—Todos cambiamos con el tiempo —masculló.
—No tanto como tú —murmuró Darren.
Había un matiz de lástima en su voz. ______ sintió deseos de sacudirlo y decirle
Que la dejara sola. No quería su compasión.
— Ted debió pegarme una paliza por lo que te hice —farfulló Darren bajando la
vista—. Me lo merecía.
Y, antes de que _______ pudiera contestar, giró sobre los talones y se alejó.
Aquel hombre no se parecía en nada al Darren McAnders que ______ había
conocido. Ya no había en él chulería ni arrogancia. Había madurado, y daba la impresión
de que había dejado atrás su época de donjuán. En cualquier caso, estaba segura de
que a Margie le daría un ataque cuando se enterara de que estaba trabajando en el
rancho.
Bella debía pensar lo mismo, ya que, mientras llevaban los platos de la cena a la
cocina, le dijo a ______ que tal vez debería llamar a Margie y decírselo.
—No pienso hacerlo —replicó ______ con firmeza—. Pronto se enterará por ella
misma. Viene este fin de semana con los chicos.
—Le va a sentar como un tiro —suspiró Bella meneando la cabeza.
—Pues que se queje con Tom —le espetó ______—. No fui yo quien lo contrató.
—¡_____!
La joven dio un respingo al escuchar la voz de Tom detrás de ella. Parecía
irritado, y llevaba en la mano unas cuantas facturas.
—______, tenemos que hablar.
La joven soltó la bayeta sobre la encimera y lo siguió al pequeño estudio que le
habían dado a Tom a modo de despacho al final del pasillo. La superficie de la mesa
estaba casi cubierta por un mar de papeles. A petición del tío de _______, Tom había
estado revisando los libros de cuentas, tratando de poner algo de orden en el caos
total en que los tenía la joven.
—Estos —le dijo indicando unos cuadernos—, son los nuevos libros de cuentas. En
uno anotaremos los ingresos y en otro los gastos con sus correspondientes facturas, y
a partir de ahora, cada adquisición que se haga en este rancho, tendrá que contar con
mi permiso. Hará falta una orden de compra aunque sea para aguja e hilo. Las órdenes
de compra están aquí —le dijo mostrándole una carpeta—, y las voy a guardar en este
cajón, del que solo yo tengo llave.
—¿Por qué?
Tom hizo un gesto para indicarle que se sentara, mientras que él se apoyó en
una esquina del escritorio y encendió un cigarrillo. Le tendió las facturas que tenía en
la mano.
—Échales un vistazo.
La joven frunció el entrecejo, pero las tomó y empezó a leerlas.
—Unas espuelas —farfulló leyendo en voz alta—, una silla de montar nueva...
—alzó la vista confusa hacia Tom—. Un momento, yo no he autorizado la compra de
estas cosas.
—Exacto, tal y como has llevado el negocio hasta ahora, cualquiera de los peones
podía ir a la ciudad y comprar lo que le viniera en gana, cargándolo al rancho sin
necesidad de ninguna autorización. Es el resultado de dar carta blanca a tus
empleados.
—¿Quién compró estas cosas? —exigió saber ______ enfadada.
—Marlowe.
— ¡Ese...! Se acabó, pienso despedirlo...
—Ya lo he hecho yo —contestó Tom—. Ha sido una suerte que contratara a esos
dos nuevos peones — le dijo—. Por cierto... —añadió mirándola con los ojos
entornados—, esta mañana te he visto hablando con McAnders. Imagino que
ya no supone un problema: no has vuelto a decirme nada.
______ no quería hablar de eso con él.
—Creo que podremos arreglar las cosas —farfulló vagamente.
Los ojos cafeces de Tom brillaban malhumorados.
—Bien. Mientras mantengáis el flirteo fuera de las horas de trabajo, me da igual
lo que hagáis.
______ contrajo el rostro dolida. Si supiera cuánto daño le hacía con su
indiferencia... Bajó la vista incómoda.
—Me gustaría que alguien me acompañara a esa excursión de varios días a caballo
con los huéspedes—le dijo, cambiando de tema—. Uno de los hombres del grupo, el
señor Cova, no me deja en paz ni a sol ni a sombra.
—Lo sé —murmuró Tom—, vi cómo te daba la lata en el último baile de
cuadrillas. Se van el jueves, ¿no es así? —la joven asintió—. Bien, iré contigo. A menos
que prefieras que te acompañe McAnders... — añadió con una sonrisa burlona.
______ querría haberle replicado, pero decidió no picar el anzuelo.
—Me es igual —contestó.
Aquella no era en absoluto la respuesta que Tom quería haber oído de sus
labios. Apagó malhumorado el cigarrillo en un cenicero que había sobre la mesa.
—Muy bien, pues entonces puede acompañarte McAnders —le dijo—. Yo ya estoy
bastante atareado como para hacer también de niñera.
Lo había dicho para molestarla, y consiguió su propósito. ______ se levantó y salió
por la puerta sin decirle otra palabra.
Tal vez las cosas se habrían arreglado si hubieran podido hablar, pero los días
que siguieron, no volvieron a encontrarse un instante a solas. Sin embargo, eso no evitó
que Tom no desaprovechara cualquier ocasión para lanzarle indirectas.
Sin embargo, lo que más mortificada tenía a ______ era que a Darren McAnders no
solo no pareció importarle tener que acompañarla a la excursión a caballo, sino que,
además, tuviera la impresión de que le agradaba su compañía, por callada y mohína que
se mostrara con él. No podía comprender el porqué, y la exasperaba el darse cuenta
de que estaba empezando a perdonarlo, pero aún menos podía entender el reciente
antagonismo de Tom.


HOLA!! BUENO AQUI ESTA EL CAPITULO DEL DOMINGO .. YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS Y QUE TENGAN BUEN INICIO DE SEMANA :))

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